Entrevista a Axana Álvarez y Orlando Justo

Alexandre Arrechea, Elementos arquitectónicos II, 2004

Facebook es una de las redes sociales que más satanizan los apocalípticos, aquellos nacidos bajo el signo de Theodor W. Adorno. Yo, tal vez por haber vivido en un país con exigua conexión a Internet, pero sobre todo porque tengo más o menos clara mi relación con FB, soy una integrada, nacida bajo el parpadeo de W. Benjamin. Esa red, específicamente, me ha sido útil para trabajar y, en especial, para dar riendas sueltas a mi egocentrismo y vanidad. De modo que mi cinismo no tiene límites: con mucho gusto dejo y propicio que ese panóptico me exhiba y controle.

Algunas de las fotos que he subido al muro de FB han sido tomadas en casa de Axana Álvarez y Orlando Justo. Sin proponérmelo, aparezco rodeada de obras de arte que terminan recibiendo más comentarios que yo. ¡Retratarse en esa casa comporta el riesgo de que el foco de atención se desvíe y acabes siendo algo colateral! Esas obras desplazan, y si lo hacen es porque son buenas y fotogénicas. Son elocuentes, expresivas, magnánimas y, de alguna manera, constituyen un recorrido por la vida de Axana y Orlando. Esta colección se parece a ellos como la de Orlandito se parece a él. Mis post derivan así en un retrato de familia: un desnudo, para ser exacta.

Por mi parte, entre Riverdale y Scarsdale, he ido esbozando un retrato de ellos que necesitaba reforzar, reafirmar y claro está, enmendar. De ahí la demanda de la presente entrevista que, realizada en medio de etapas apolíneas y dionisíacas, caóticas y ordenadas, resulta en extremo esclarecedora. Los motivos de su artcoholismo así como las confesiones sobre la construcción de este repertorio de obras me hacen pensar que estamos en presencia de una colección autofágica y autotélica…, al menos por ahora. 

Y, como uno tiende a reproducir, esa relación entre pasión y paciencia con que ellos han seguido el arte para construir lo que ha sido un gran pretexto, resultó idéntica a la que viví durante ese infinito work in progressen que se convirtió esta conversación. Sé que vendrán otras, tan aliñadas y enjundiosas. Tan familiares y respetuosas.

Abelardo Morell, Camera oscura. Image of the Brooklyn Bridge in Bedroom, 1999

ERC: Normalmente se habla desde la vanidad que lleva implícito el hecho de tener una colección. Desde las bondades y por qué no, desde el egocentrismo que ello supone. Sin embargo, rara vez se habla de sacrificio. ¿Cómo se da esta relación entre placer y renuncia en el caso de ustedes?  Personas a las que no les sobra el dinero, ¿cómo pueden llegar a tener tan buena colección?

A y O: El tipo de coleccionistas que somos nos deja muy poca posibilidad para el capricho o la vanidad. Básicamente la colección se nutre de sí misma. Comenzamos coleccionando sin conciencia de lo que queríamos y sin ánimos de construir una colección.  Por mera coincidencia, cuando trabajábamos en el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), la empresa que por aquel entonces comercializaba las obras de arte, el país estaba inmerso en una profunda crisis económica, la escasez de bienes y servicios se agravaba por día, lo cual generó una hiperinflación galopante. Había mucho dinero líquido en la calle, pero nada en qué gastarlo. Sin embargo, las empresas estatales cubanas continuaban vendiendo sus productos a precios subsidiados en la devaluada moneda oficial, el Peso Cubano, y mientras el país padecía una carencia total de productos básicos, las galerías de arte tenían sus pinacotecas repletas de obras de arte, que se podían comercializar en moneda nacional. 

Por varias décadas estas galerías no despertaron el interés de un coleccionismo local, entre otros factores, porque adquirir y atesorar obras de arte era mal percibido de acuerdo a los valores fomentados por el gobierno comunista cubano. Coleccionar arte era un rezago capitalista ante los ojos de la “nueva” sociedad cubana.  Buscando en qué gastar esos Pesos Cubanos comenzamos comprando poco a poco obras de artistas de la Vanguardia (del 30 al 50 fundamentalmente) en las mismas galerías donde trabajábamos. Este grupo de la “vanguardia”, por aquel entonces, no tenía un gran mercado y sus precios eran muy bajos. Al mismo tiempo, la crisis forzó a muchas personas a desprenderse de aquellas cosas que poseían algún valor para poder cubrir sus necesidades de vida, y comenzamos también a tener acceso a algunas colecciones que existían, cuyos dueños vendieron un gran un número de obras a precios de ganga. Estuvimos, por pura casualidad del destino, en el lugar correcto, en el momento correcto.  Como diría un amigo, algo que comenzó por mera coincidencia, terminó siendo una incidencia. 

Una vez en los Estados Unidos nos ocurrió que cuando montamos varias obras de estos artistas de la Vanguardia y las pusimos en nuestras paredes, no nos decían mucho, más allá de la admiración y el puro placer estético.  Nos dimos cuenta que el arte que nos atraía y con el que dialogábamos mejor era aquel que reflejaba la realidad que nos había tocado vivir.  Fue así que decidimos comenzar a vender esas obras que teníamos e ir cambiándolas por otras de los llamados artistas de los 80 y los que los sucedieron.  La cuenta nos funcionaba muy bien, pues ya para ese entonces había comenzado un proceso de valorización de estos artistas de la Vanguardia.  Vendíamos una obra de Amelia Peláez y nos comprábamos con ese dinero varias de los artistas jóvenes, que por esa época sus precios eran mucho más bajos.  De manera que poco a poco fuimos reemplazando todas las obras que teníamos de los 40, 50 y 60 y fuimos adquiriendo las que queríamos.

Coleccionar, para nosotros, ha sido un trabajo, no lo asumimos de un inicio como hobbyy por lo mismo nunca nos vimos como coleccionistas en el sentido más tradicional. El arte y el mercado nunca fueron caminos separados para nosotros, una cosa nos obligaba a la otra y viceversa.  

Armando Mariño, Vienen a por mí, 2001

Poco a poco nuestra situación profesional y económica se fue estabilizando en New York, se terminaron los estudios, aparecieron trabajos estables dentro de nuestra profesión, la colección crecía al igual que las relaciones con los artistas, los coleccionistas, galerías, etcétera.  El negocio fue quedando para aquellas obras que no nos interesa coleccionar o que ya no nos duele desprendernos de ellas. También cambiamos obras con dealersy así retroalimentamos la colección. Sin darnos cuenta y de manera natural se separaron los caminos: el del negocio y el de la colección.

El dinero de las ventas lo utilizamos en nuevas adquisicionesy casi nunca para proyectos ajenos a la colección, ni tan siquiera personales, a pesar de que en ocasiones la garganta se anuda. Todo se posterga si aparece una obra que nos interesa, lo hacemos con un silencio cómplice, como si fuera la última trampa a un acuerdo “tácito” de tomarnos un descanso en las adquisiciones.

Como ves, en este recorrido no aparece la vanidad, hay que tener espacio y un medio propicio para darle rienda suelta, habría que “exhibir” las obras y tener el público adecuado.  Con relativa frecuencia nos reunimos en casa con amigos que son sensibles al arte y les agrada la colección. Sus observaciones nos han enfrentado de manera consciente a lo que tenemos y al peso de tantas obras que en cierta forma son la narrativa de nuestras vidas, en todas hay una posición, una actitud, una coincidencia o un desacuerdo crítico entre ellas y nosotros. Una lectura fina de la colección revelaría rasgos y matices de nuestra personalidad y nuestro pensamiento. Quizás por eso la hemos guardado con celo, la colección ha sido tan privada como nuestro hogar, algo muy íntimo. La colección para nosotros no es símbolo de status, sólo así ha sido posible hacer tantas renuncias. 

Allora & Calzadilla, Study Auction, 2008

ERC: Hay algunos artistas en la colección que están mejor representados que otros y hay algunos de los cuales sólo tienen una obra.  Igualmente, hay artistas que ya tienen dos o tres décadas de carrera y otros que están prácticamente comenzando.  ¿Qué criterio ha movido los hilos de estas decisiones?

A y O: Realmente no hay un criterio preponderante en lo que respecta al número de obras por artista en nuestra colección.  Conocemos de coleccionistas que les atraen uno, dos o, a lo sumo, tres artistas, y compran de esos muchas obras de todas sus etapas, estilos y técnicas.  También los hay que se sienten atraídos por un movimiento artístico en particular, o por un tipo de técnica de una etapa específica, por ejemplo “fotógrafos contemporáneos” y adquieren una obra de cada uno de los artistas de ese grupo.  Tal vez ambas maneras sean buenas siempre que los coleccionistas estén contentos con lo que hacen.  A fin de cuentas, son ellos quienes conviven con esas obras y saben lo que les hace feliz y lo que no. 

En nuestro caso quizás se observa una mezcla de ambas tendencias, lo cual ha ocurrido de manera fortuita.  De un pequeño grupo de artistas tenemos más de cinco o seis obras, y es algo que se debe a una combinación de gran admiración por su trabajo y/o amistad personal, lo cual nos ha permitido a veces tener acceso a algunas piezas.  De otros artistas tenemos una, dos, tres, o cuatro obras, pues es lo que hemos podido encontrar que nos ha gustado y se ajusta al precio que podemos pagar.  Muchas veces los dealersnos hacen llegar imágenes de obras que aparecen en el mercado y hay una de un artista que no tenemos.  Ahí mismo la compramos -si nos gusta la pieza,- pues no sabemos si esa posibilidad va a volver a surgir.  En ocasiones llevamos mucho tiempo rastreando algo de un artista en particular, pero es complicado encontrar lo que queremos. Tal vez tengamos una sola obra, o ninguna, pero eso no significa que no nos interese sino que no ha habido nada disponible que nos atraiga.  Ni siquiera artistas o dealerspueden proveerlas, pues muchas veces no tienen nada de esa etapa o estilo.  Ya lo han vendido todo y hay que recurrir al mercado secundario.  

El coleccionismo en general, no sólo de arte, es como un bichito que se te mete en el cuerpo y es difícil sacárselo.  Si fuese por nosotros, de los artistas de nuestra colección tuviésemos obras pertenecientes a todos los períodos que nos gustan, pero ya sea por no haber encontrado la obra deseada, o por una cuestión económica, no ha sido así. También el destino se ha encargado de que tengamos esta colección.  No está hecha en base a una lista de nombres que hay que ir acechando, atrapando y luego los tachas como el cazador de recompensas que vemos en una película del oeste.  De hecho, hay artistas que nos gustaría tener, pero son prácticamente un imposible para nosotros, como Félix González-Torres, por ejemplo.

En cuanto a la diversidad generacional presente en la colección, te diríamos que es fruto del propio ímpetu coleccionista que nos invade. Como mencionamos anteriormente, por vivencias personales comenzamos coleccionando obras de los 80, pero luego fuimos viendo trabajos muy interesantes de artistas que emergieron años después. Tuvimos la oportunidad de conocer a algunos personalmente, cuando recién comenzaban sus carreras, pudiendo entender mejor sus obras.  Sus propuestas eran distintas a aquellas que se presentaron durante los 80, mas no dejaban de ser muy interesantes y tocarnos muy de cerca también. Por ejemplo, la inquietud por el deterioro arquitectónico o la lectura de la ciudad como texto, de Garaicoa; la obra intensa y de profundo contenido religioso de Belkis Ayón; la aguda sátira de Francisco de la Cal, entre otros. Esto nos fue llevando a incrementar, sin darnos cuenta, el número de artistas y en cierta manera nos hemos seguido actualizando siempre con lo que van haciendo los más jóvenes.  También nos sentimos atraídos por la obra de algunos artistas de origen cubano, ya sea que hayan nacido aquí o hayan venido de pequeños, pero cuya realidad es la que ahora compartimos y han hecho y/o hacen un trabajo realmente admirable: Tony Labat, Teresita Fernández, Luis Cruz Azaceta, Jorge Pardo, José Parlá, Luis Gispert, Andrés Serrano, Julio Larraz, Ana Mendieta, Abelardo Morell,entre otros.  A algunos los tenemos y a otros no.

Arturo Cuenca, This isn’t Havana, ca. 1997

ERC: ¿Influye la edad de ustedes, la pertenencia generacional, a la hora de jerarquizar la compra de obras pertenecientes a la llamada generación de los 80 hasta nuestros días? ¿Hay una preferencia por la obra de visos críticos en el sentido político, la obra cuestionadora y emplazante? 

A y O: No es una conexión consciente, pero posible. Desde que comenzamos a ver arte nos llamaron la atención las tintas expresionistas de Antonia Eiriz y Tomás Sánchez, al igual que sus basureros y ese acercamiento al paisaje un tanto minimalista.  Por aquel entonces ya había pasado Volumen I, ellos eran los jóvenes “veteranos” de Galería Habana, los precursores de un cambio trascendental en cuanto a sus propuestas estéticas y conceptuales, las cuales allanaron el camino para todo lo que vino después.  También había otro grupo más insubordinado, enfrentándose a las instituciones, cuestionando la falta de libertad de expresión, haciendo un arte social muy crítico en el que estaban Aldo Menéndez, Ciro Qintana, Segundo Planes, Carlos Rodríguez Cárdenas, Tomás Esson, Ángel Delgado, Arte Calle, entre otros. Fue, quizás, el último momento de activismo político en las artes plásticas vivido con absoluta convicción cívica.

Ellos, al igual que nosotros, querían que nos permitieran(ya de por sí eso era más una aberración que una utopía por ese entonces) discrepar, crear y vivir con libertad. Hace unos días vimos varias obras de Carlos Rodríguez Cárdenas hechas por esos años que en su inigualable claridad definen la Revolución cubana y a su líder. Ni aún hoy, con mucha más permisividad, hemos visto trabajos tan críticos, tan vigentes, ni tan redondos. 

De ahí la preferencia por empezar la colección a partir de los 80. Pasamos de adolescentes a adultos viendo este tipo de obras, dialogando con estas propuestas, sintiéndonos reflejados en ellas al ser parte de ese contexto.  En una sociedad donde todo está politizado, incluso hasta no tener una posición política, pues sí, es muy probable que en el subconsciente nos atraigan esas obras que nos recuerdan lo que vivimos, lo que no podías gritar libremente en la calle (o no te atrevías), esa memoria de la cual te escapas físicamente pero que la colección se encarga de recrear de cierta manera como un diario o un mapa del momento.

María Magdalena Campos-Pons, When I’m not here, estoy allá, 1996 (detalle)

Los años posteriores de una manera u otra produjeron artistas con obras críticas, no necesariamente políticas, con interrogantes más globales. Hoy en día no creemos mucho en esa obra política cuestionadora y emplazante.  Tal vez algún que otro artista lo haga con cierta convicción y sabemos de algunos que son y siguen siendo políticamente incómodos para el gobierno cubano. Estamos pensando, por ejemplo,  en Pedro Pablo Oliva, quien ha sido censurado varias veces en estos últimos años; Espacio Aglutinador, un proyecto que desde 1994 ha promovido a muchos artistas con obras que en ocasiones han sido mortificantes para las instituciones oficiales como los propios Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez, Jorge Luis Marrero y Ernesto Leal, entre otros. 

La actitud tolerante del gobierno ante las obras de matiz “cuestionador y emplazante”, por usar tus términos, da la impresión de ser más un logro de las autoridades cubanas que de la cuestionadora y emplazante vocación crítica de algunos artistas plásticos.  Por una parte, el gobierno cubano ha entendido claramente que el circuito de galerías es pequeño, con un alcance popular muy limitado, y las exposiciones de arte en Cuba no son fenómenos que arrastren masas, como puede ser la música, el cine, o la televisión; además, a las inauguraciones casi siempre van los mismos entusiastas de la plástica, quienes constituyen un por ciento ínfimo de la población.  Es decir, no tiene gran trascendencia esa obra crítica en términos de alcance social, pero a la vez da una imagen de tolerancia, apertura y permisividad muy conveniente de cara al exterior.  

Por otra parte, las autoridades aprendieron del éxodo masivo de la generación de los 80 y son hoy mucho más flexibles con los artistas plásticos que hace veintiún o veintidós años.  Estos artistas ahora venden desde sus estudios, viajan al exterior, vienen a los Estados Unidos con frecuencia, exhiben aquí, participan en proyectos, se ganan becas, y regresan a Cuba sin problemas.  Constituyen, en la Cuba de hoy, una élite económica muy alejada de la realidad cotidiana del cubano de a pie y no tienen necesidad vital de una obra realmente cuestionadora y emplazante frente a un status quo que los favorece en ese contexto.  Por eso vemos con suspicaciaesa obra política que hoy se produce en la mayoría de los casos, o sencillamente no la vemos, porque cada vez es más escasa. Las inquietudes de muchos artistas parecen andar hoy por otros lados, digamos que tratan de ser más contemporáneos, más “cutting edge”, más globales.

Es muy difícil definir una preferencia temática en nuestra colección porque no la hemos hecho de esa manera. Podríamos decir que “no es una colección hecha a la ligera”. No nos resulta complicado vivir con las obras que tenemos, ninguna es repulsiva por muy fuerte o violento que sea el tema, y eso precisamente las hace hermosas. Nos interesan los artistas que se sienten comprometidos con su obra, al margen de si tienen éxito o no, si cotizan a altos precios o no, esos que tienen una necesidad de expresar algo y lo hacen con rigor.

ERC: Me consta que ustedes trascienden el acto de la compra y se “enredan” con el artista, convirtiendo la relación en algo cálido, incluso cómplice. 

A y O: Una parte importante de la colección son obras de artistas que son muy cercanos a nosotros.  Cuando trabajamos en el FCBC, a principio de los 90, aprendimos cuán gratificante puede ser la relación con los artistas y guardamos con mucho cariño la amistad con un nutrido grupo de ellos. 

Rogelio López Marín (Gory), Cayo Carenas, 1980

Una vez en los Estados Unidos este círculo de artistas se fue ampliando, fundamentalmente con varios de la generación de los 80. Entablamos una estrecha amistad con algunos que nos ha llevado a compartir fines de año, fiestas familiares, y hemos visto a nuestros hijos crecer, estableciéndose en algunos casos una relación que trasciende la de artista-coleccionista. Hay muchas horas de conversaciones acumuladas, de estancia en sus estudios observando esa intimidad que se produce mientras crean, intercambiando nuestras angustias, hallazgos y a veces hasta problemas personales. Luego, si observamos detenidamente sus obras, está velado ese tiempo compartido.

Por nuestra edad y por similares experiencias de vida, nuestra colección ha crecido a la par de muchos de los artistas que forman parte de ella, pues tanto ellos como nosotros hemos transitado caminos paralelos de evolución, desde el punto de vista profesional y económico. En la misma medida que ellos luchan por encontrar buenas galerías, proyectos interesantes, mejores precios, y establecerse en el mundo del arte, nosotros lo hacemos por crecer en el nuestro, el académico. No somos coleccionistas con fortunas e influencias en el circuito artístico, somos sencillamente una pareja defendiendo y fomentando una colección con absoluto respeto por el arte y hacia los artistas que nos han  hecho, en ese camino transitado al unísono, coleccionistas contemporáneos de ellos en el sentido más literal de la palabra.  

Esta estrecha relación con los artistas, sin lugar a dudas, nos ha permitido adquirir obras que ellos consideran importantes y a veces no son fáciles de hallar en el mercado. Realmente no tenemos otra cosa que no sea un agradecimiento profundo hacia ellos por su generosidad y ayuda para haber podido llegar hasta este punto. 

Luis Cruz Azaceta, Balsero lágrima roja, 1995

ERC: En “Picasso Baby” Jay Z rapea con ironía “(…) yellow Basquiat in my kitchen corner”.  La “biblia” en materia de coleccionismo dice,  “if you are looking for the right color painting to match your wallpaper, stop reading here”. Ustedes tienen obras difíciles de emplazar en cualquier recinto que no sea galerístico, además en las sesiones de fotografías y estudiando lo que han comprado, he visto obras con las cuales es un poco complicado convivir. De todas formas, sospecho que hay “antojos”, preferencias, un gusto determinado….

A y O: Es una pregunta difícil porque tenemos obras que nunca concebiríamos fuera de nuestra casa, otras que jocosamente decimos: “esta se va conmigo a la tumba”; pero es muy complicado escoger una por encima de las demás.  Todas han sido adquiridas por alguna razón, y se crean historias, experiencias y conexiones que pudieran hacer a algunas más especiales que otras, ya no solo por lo que significan artísticamente, si no por las vivencias que hay detrás de esas imágenes. Por supuesto, ambos tenemos gran debilidad por la obra de algunos artistas, en muchos casos coincidimos y en otros no tanto, pero respetamos esa diferencia de opinión sin mayores conflictos.

Ezequiel Suárez, De la serie New Swiss Art, 1998-1999 (anverso y reverso)

Podemos convivir con todas las obras que tenemos, salvo por el espacio. Las rotamos para disfrutarlas y ese día es una fiesta interminable porque ambos nos movemos a velocidades opuestas, podemos estar un mes abriendo huacales, carpetas, decidiendo qué obra sacamos. Vivimos con ellas por doquier, con la idea de finalmente tener una pared para ese cuadro,  de hacer un inventario. Pero no, al parecer eso no está en el destino de un coleccionista. Parafraseando a Walter Benjamin en su excelente ensayo “Desempacando mi biblioteca”, es cuando se abren las cajas de los libros y entra la luz después de años de tinieblas que estos, al igual que las obras de arte, despiertan ante ti, adquieren un sentido. Muchas están olvidadas, cuando de pronto las ves y te impresionan nuevamente. Entonces aparecen los recuerdos, las historias relacionadas a las obras, las conversaciones, pasan las horas y hasta los días hasta que las cuelgas en alguna pared. Eso hace que por muy difícil que resulte para otros convivir con ellas, para nosotros sea todo lo contrario. Hay personas que se pueden ofender con algunas y no entienden cómo teniendo un niño lo expongamos a habitar con imágenes fuertes o eróticas; pero nuestro hijo ha crecido viendo estas obras y para él es algo natural. 

Las que son muy grandes algún día encontraremos la manera de disfrutarlas. Hace algunos años compramos una obra de Jorge Pardo, difícil de colgar y muy delicada, de hecho nunca la habíamos vuelto a ver hasta el día que decidimos abrir la caja.  Apareció por partes con un plano de instrucciones meticulosas para armarla y tuvimos, incluso, que hacer un pequeño ajuste para que no se doblara. Fue una noche larga para una sola obra, una ilusión flotando en la pared. Al otro día se veía hermosa y hasta las personas que nada tienen que ver con el arte la elogian con entusiasmo. Todo eso lo descubrimos mucho después de comprarla, el día que decidimos sacarla de las tinieblas.

De Rafael Domenech, un artista joven, tenemos unos tenis Converse con los que salió de Cuba, les grabó en la suela a uno Good y al otro Bye y andan de estante en estante. Un día les encontraremos la ubicación apropiada, le haremos su ceremonia y ajustes necesarios. Para algunos son unos tenis sucios y no entienden que hayamos pagado por eso, para otros son unos Converse gastados; para nosotros, sin embargo,  son una obra con una carga vital inmensa. 

Tony Labat, Untitled, 2015

Pocas veces hemos vendido obras que hemos montado en nuestra casa por algún tiempo. Ha sucedido que cuando las hemos vuelto a ver en paredes ajenas se experimenta una sensación extraña, tal parece que no pertenecen a ese lugar, como si estuvieran secuestradas. Uno no se deshace de las historias personales que te relacionan con cada obra, esas regresan siempre con una simple mirada.

ERC: Sin embargo hay obras que no pertenecen a ese escenario conocido como “arte cubano” y que ocupan lugares claves y visibles dentro de la colección y de la casa. Pienso en Kentridge y en otros autores muy buenos.

Después de más de dos décadas viviendo en los Estados Unidos, y la inmensa mayoría de ese tiempo en New York, lógicamente las preferencias de uno van cambiando y eso se extiende al arte también. Estar en NY es un privilegio para los que somos amantes de las artes plásticas, pues siempre están exhibiendo algo interesante en los museos, instituciones, galerías, casas subastadoras, ferias de arte, etcétera.  A veces no te alcanza el tiempo para ver todas las buenas exposiciones que se ofrecen. Estas propuestas artísticas poco a poco se van convirtiendo en tu nueva realidad como residente de la ciudad.  Comienzas a descubrir y a admirar el trabajo de artistas que te cautivan por su estética o por su discurso y del cual te sientes parte,  estableciendo en algunos casos un diálogo que te lleva a desear una de esas obras para disfrutarla todos los días. Es para nosotros una especie de historia recurrente.  

Si bien años atrás comenzamos a coleccionar únicamente el arte que nos atraía de nuestro país de origen, ahora nos mueve también ese arte que es parte de nuestra vida actual en un contexto diferente.  De ahí que desde hace unos años hayamos decidido adquirir obras de artistas de otras nacionalidades siguiendo la misma premisa: tienen que ser obras que nos gusten y que disfrutemos conviviendo con ellas.  

También ocurre con frecuencia que las colecciones evolucionan en la medida en que cambian los gustos y las preferencias de los coleccionistas. Hay obras que en un momento se adquirieron con entusiasmo y hoy, pasados ya varios años, igual si te la ofrecen no la compras.  Como coleccionista estás en una búsqueda incesante de aquello que no tienes, de lo “nuevo”, de lo que hoy te motiva. En ocasiones depuras la colección, sacrificando obras (ya no con tanto dolor), porque te incentiva más aquella que estás por adquirir.  De igual manera, hay otras que nunca se van de tu lado y en ocasiones ni siquiera las cambias de pared. En un excelente relato sobre el mundo del arte, Bruce Chatwin cuenta el pesar que siempre sintió al vender un fragmento de mármol griego regalado por un viejo amigo. La enseñanza había sido que las obras de arte, cuando están destinadas a perdurar, nunca deberían ser vendidas o compradas, sino sólo regaladas o intercambiadas. Lo fascinante de esta historia es que la perdurabilidad está dada en un acto inconsciente de traspaso de la obra, como si hubiera una razón misteriosa en el hecho de que nadie se decida a venderla. Esa la guardamos con celo, dejaremos que un día alguien la encuentre y merezca el derecho de la eternidad.

Carlos Alfonzo, Oya, ca. 1987

ERC: Cambiando un poco la “guía náutica” de mis preguntas, hay actualmente un creciente número de coleccionistas que van a Cuba y han comenzado a comprar obras de arte.  Ustedes empezaron a coleccionar cuando prácticamente no existía mercado de arte en la isla. Teniendo en cuenta los años que llevan involucrados en esto ¿cómo ven los cambios que han tenido lugar en este escenario de las relaciones mercantiles?

A y O: Días atrás te comentábamos que nosotros nos beneficiamos enormemente hace más de veinte años por la falta de un mercado local en Cuba.  El comercio de obras de arte era prácticamente inexistente en las galerías cubanas por ese entonces, las cuales funcionaban más como espacios de exhibición, que como instituciones comerciales.  A tal punto, que existían en algunas de esas galerías un considerable grupo de obras que formaban parte de lo que se llamaba “la colección permanente”, igual que en un museo.  Los artistas estaban bajo la nómina del FCBC y tenían que entregar un número de obras mensuales a cambio de un salario.  Esas obras tenían precios que hoy en día resultan risibles, pero se  acumulaban en las pinacotecas.  Los principales compradores eran empresas estatales como el Ministerio de Relaciones Exteriores, que las compraban para decorar sus embajadas y consulados en el mundo, el Ministerio de Turismo para decorar hoteles, el Instituto Cubano de Radio y Televisión, y alguna que otra institución.

Por esa época los artistas no estaban acostumbrados a lidiar con instrumentos propios del mercado como precios, competencia, oferta y demanda, costos, etcétera.  Eso tal vez hizo que sus trabajos no estuviesen tan permeados por intereses económicos.  Se nota en la obra de muchos una mayor preocupación por el arte que hacían que por el dinero que esas obras les generaban pues eran prácticamente artistas asalariados.  En una ocasión Tomás Sánchez vendió una cantidad inusualmente grande, y hubo todo un dilema en la institución sobre cómo pagarle al artista.  Había vendido miles de dólares y el FCBC debía remunerarle el equivalente en moneda nacional, pero eso fue todo un debate, porque¡cómo un artista iba a recibir miles de pesos por unos cuadros, qué ejemplo sería ese frente al resto de los trabajadores en la sociedad!

Consuelo Castaneda, Sin título, 1982

La debacle del bloque socialista privó a Cuba del subsidio y las prebendas económicas provenientes de la antigua Unión Soviética.  Ante la falta de recursos las instituciones del país, incluyendo el Ministerio de Cultura y toda su estructura, tuvieron que comenzar a autofinanciarse para poder seguir operando.  Fue a partir de ahí, básicamente, que las artes plásticas comienzan a mirarse desde una óptica mercantil y se entienden las obras de arte como mercancías provistas de valor monetario, sujetas a conceptos económicos como cualquier otro producto.  A su vez, la tenencia de monedas extranjeras por parte de los ciudadanos cubanos dejó de ser un delito en el país a mediados de 1993, y el mercado del arte recibió un notable impulso con esta medida. 

El país se vio forzado en esos años a abrirse al turismo internacional para generar divisas, y fueron llegando algunos extranjeros interesados en comprar arte.  Surge así una atractiva oportunidad de negocios y aparece poco a poco una figura económica prácticamente inexistente hasta ese entonces, el dealer de arte.  Estos operaban de manera semi-clandestina al no ser reconocidos legalmente por el gobierno, pero se fueron consolidando en este mercado “informal” pues las transacciones con ellos eran más rápidas que con las galerías oficiales. Además, en muchos casos le ofrecían a los propietarios de las obras mejores acuerdos que las galerías.  Al inicio los dealersde arte eran unos pocos, pero fueron aumentando sustancialmente ante el creciente número de visitantes -fundamentalmente europeos y latinoamericanos al inicio- y el progresivo auge del negocio. Comenzaron también a llegar, de modo gradual, algunos compradores desde los Estados Unidos y el mercado secundario experimentó un florecimiento a partir de la segunda mitad de los 90.  Ya para ese entonces las atractivas oportunidades que aparecían en la calle se habían prácticamente extinguido, y para comprar algo había que hacerlo en muchos casos a través de varios intermediarios a precios cada vez más altos.

Gustavo Acosta, Gran Casa Comercial Felón y Cía., 1985

Ocurrió algo curioso, los curadores e instituciones europeas y norteamericanas tenían gran entusiasmo por el arte contemporáneo, con cuyos artistas habían organizado proyectos desde los 80 y el trabajo de algunos de ellos pasó a formar parte de colecciones públicas y de fundaciones. Sin embargo, los coleccionistas y dealersprovenientes de los Estados Unidos se concentraron principalmente en los artistas cubanos de la vanguardia y, aunque con menor intensidad, también en los de la academia y la colonia.  Esto conllevó a que a partir de 1997-98, más o menos, hubiese una especie de boompara los artistas cubanos de esta etapa “vanguardista” en las subastas de arte latinoamericano de Christie’sy Sotheby’s.  Los precios de los remates aumentaron considerablemente, influyendo de manera directa en el mercado de arte en Cuba. Ambos, el gobierno y los dealersindependientes de la isla, tomaron nota de este asunto, haciendo que la especulación aumentara y los precios se fueran de control.

Al propio tiempo, las autoridades culturales, como parte de sus reformas, cambiaron el vínculo contractual con los artistas plásticos, eliminando la rígida relación semi-asalariada que estos tenían con el FCBC.  Les otorgaron mayor autonomía y los artistas comenzaron a vender en sus estudios a los coleccionistas extranjeros, a exponer con más sistematicidad en otros países y a ser representados por galerías fuera de Cuba.  Los años 90 sirvieron de escuela a los artistas radicados en la isla para aprender a comercializar su trabajo directamente, a negociar la producción de sus obras, a tratar con los dealers locales y extranjeros, y a saber cómo financiarse un catálogo, entre otras gestiones.  Las nuevas generaciones se han ido adaptando a la oportunidad de hacer negocios en Cuba, de entrar y salir de la isla con relativa facilidad, así como de radicar temporalmente entre La Habana y cualquier otra ciudad del mundo. 

Carlos Rodríguez Cárdenas, Ordene, 1990-1992

Estos cambios han tenido una incidencia directa en el mercado de arte, pues los artistas cuando viajan están más expuestos a las condiciones del mercado en el “mundo real”.  Los precios, las comisiones, los cargos por transferencias bancarias, los cambios de una moneda a otra, y muchas de estas cosas que son cotidianas para los creadores en cualquier parte, han comenzado también a formar parte de las variables a tener en cuenta por los artistas radicados en Cuba.  Por supuesto, todo esto aparece implícito en el precio de las obras. 

En los últimos años el número de visitantes norteamericanos a la isla ha aumentado considerablemente.  Muchos de estos van con licencias de intercambio cultural y han comenzado a adquirir algunas obras de arte en sus viajes.  Unos con mayor entusiasmo que otros, pero la realidad es que es un número creciente que se ve con frecuencia en las bienales de La Habana, visitando las galerías locales, y fundamentalmente los estudios de artistas.  La Bienal de La Habana del 2000 lo ilustra de manera aplastante. Esto ha ocurrido, en gran parte, por el interés de algunos dealers extranjeros, quienes han devenido en una especie de “turoperadores culturales” y organizan viajes a Cuba con coleccionistas norteamericanos, a quienes llevan a los estudios de muchos artistas locales.  También hay buses que llevan a los visitantes desde algunos hoteles a los estudios, las galerías, e incluso al propio Instituto Superior de Arte.  Todo esto ha contribuido sin dudas a un mayor crecimiento y dinamismo en el mercado de arte en Cuba. Claro, este ha sido un fenómeno ondulante, con altibajos.

Las autoridades culturales cubanas también han estado más activas y con frecuencia se ven representaciones de Galería Habana y la Galería La Acacia en ferias de arte internacionales. Las últimas tres bienales de La Habana han sido un rotundo éxito comercial para muchos artistas, fundamentalmente durante la primera semana, según nos han contado algunos de ellos.  Subastahabana, con sus altas y bajas, se ha ido estableciendo y se observa que hay interés en este evento por parte de muchos coleccionistas. 

A partir del surgimiento de colecciones como la de Howard and Patricia Farber, la de Chris and Marina von Christierson, el trabajo de la Fundación CIFO, de la Fundación Rubin, entre otros, el arte producido por artistas cubanos y cubanoamericanos ha tenido una mayor difusión.  Observamos con más frecuencia cada vez que vamos a una inauguración, a una gala, o a cualquier evento relacionado con las artes plásticas un número mayor de personas coleccionando obras de estos artistas, interesadas en sus trabajos, y a veces muy bien actualizadas sobre lo que están haciendo. 

Rafael Domenech, Untitled, 2013

Definitivamente, el mercado de arte en Cuba ha cambiado mucho en estos veinte y tantos años.  A pesar del control gubernamental sobre las galerías de arte, hoy es mucho más descentralizado que cuando nosotros comenzamos a coleccionar.  No obstante, es un mercado sui generis y muchas cosas deberían verse con cuidado. Por ejemplo, algunos artistas (fundamentalmente los más jóvenes) denotan una gran falta de conocimiento e información acerca del funcionamiento del mercado del arte y como se determinan sus precios.  En ocasiones nos han presentado la obra de un artista que aún no llega a los veintiséis o veintisiete años, no ha hecho ni siquiera una sola exposición personal fuera de Cuba, no tiene obras en ningún museo, ni representación de ninguna galería, y te dice que una obra suya vale no sé cuántos miles de euros.  Cuando preguntas en qué se basa ese precio, te dicen sencillamente que es porque otro artista de su generación vende a esos precios, o porque pasó por su estudio un día un colecccionista (evidentemente despistado o muy enamorado de esa obra) y les pagó esa cantidad.  No se dan cuenta del inmenso daño que se hacen tratando de inflar esos precios a tan temprana edad y sin una trayectoria artística que los sustente.  

También ocurre un fenómeno curioso y es que últimamente nos han ofrecido en los Estados Unidos trabajos de artistas vivos, contemporáneos, a precios más bajos que lo que piden por similares obras y del mismo autor en La Habana. Parece ser una tendencia interesante que amerita ser observada atentamente y que tal vez explique en parte por qué algunos artistas que emigraron de Cuba hace años han hecho ahora una especie de “cross-over de reversa” y están exponiendo y vendiendo por allá.  

Otro asunto muy peculiar en el actual mercado de arte en Cuba es una marcada tendencia a operar desde dentro, pero a la vez orientado hacia el exterior. Suena contradictorio, pero por una parte, ocurre que el florecimiento del turismo cultural le ha dado un impulso tremendo a las ventas directas de los artistas desde sus estudios, y en algunas ocasiones desde la red de galerías. Son pocos los artistas locales que tienen una activa carrera fuera de Cuba y aparecen en los circuitos internacionales del arte con asiduidad.  La mayoría de los que vemos exponiendo frecuentemente en el extranjero viven fuera del país o radican “entre dos aguas”.  A veces hemos conocido artistas jóvenes, quienes últimamente han estado viniendo con relativa facilidad, y tienen muy buenas ideas, nos muestran proyectos interesantes, pero vemos con cierto desasosiego que puedan terminar acomodándose a vender desde sus estudios en Cuba y no lleven sus carreras a un escalón superior.  

Por otra parte, el mercado de arte en Cuba depende y se nutre del exterior.  El país ha carecido por más de cinco décadas de un coleccionismo local.  Ese sector de la población con un cierto excedente de fondos para comprar o invertir en arte no ha existido en Cuba.  En las subastas y en exposiciones de artistas latinoamericanos hemos observado que los coleccionistas brasileños, los mexicanos, los argentinos, etcétera, apoyan activamente a sus artistas nacionales comprando sus obras y patrocinándoles proyectos; no siendo de igual manera para artistas cubanos, quienes han carecido de ese apoyo por parte de coleccionistas locales. Es muy difícil poder consolidar un mercado de arte interno en el cual los consumidores son principalmente extranjeros. Hay ahora algunos coleccionistas cubanos viviendo en la isla que están adquiriendo obras de varios artistas, y esto, aunque aún sea de manera aislada y con limitaciones, es muy positivo para que crezca este sector.  

Para vigorizar el mercado del arte en Cuba es necesario que surjan dueños de negocios y se afiance económicamente una élite de empresarios y profesionales dispuestos a apoyar a sus artistas, involucrándose activamente en este tipo de actividades.

Una tendencia que hemos observado desde hace ya unos dos o tres años es un cambio en el tipo de arte que está copando el interés de los dealers, galeristas, y coleccionistas.  En la medida en que el arte de la vanguardia cubana se ha tornado más difícil de encontrar y sus precios han aumentado, trabajos de artistas de los llamados arte geométricoconcreto, fundamentalmente de los 50 y 60, han gozado de un momento de esplendor.  Los dealershan explotado muy bien elboomdel arte geométrico y el op artlatinoamericano, rescatando el trabajo de estos artistas que estuvieron olvidados por décadas. Quizás al próximo grupo que le toque disfrutar de esta especie de boom,cuando se agoten los geométricos, sea al de los pintores abstractos o a los seguidores del realismo socialista “tropicalizado”. ¿Quién sabe? 

Enrique Martínez Celaya, Private Faith, Fortitude, 1998

ERC: No le preguntaría a cualquiera algo así y creo que tampoco lo haría si únicamente se tratara de curiosidad personal pero estoy pensando en el lector. En su experiencia como coleccionistas, ¿qué criterios deberían tenerse en cuenta a la hora de iniciar una colección de “arte cubano”, por usar un término rápido y fácil?

A y O: Construir seriamente una colección, no solo de arte, requiere de mucho conocimiento acerca de lo que deseas coleccionar.  Por eso lo primero ha de ser aprender sobre ese tipo de arte y el contexto histórico en que se desarrollan esas obras.  Es una gran experiencia intelectual, pues los artistas tienden a tener una manera de ver la vida y entender el mundo muy diversa.  En muchos casos constituye un reconfortante ejercicio educativo que nos permite comprender mejor el arte, tanto por su contenido como por su estética.  De esta manera, por ejemplo, una obra que para algunos puede resultar grotesca a primera vista, cuando analizas el contexto en que fue creada, te permite aislar las imágenes atormentadoras y ver la fuerza que acarrea por su valor artístico e intelectual.  También es necesario documentarse muy bien sobre los artistas, sobre sus trabajos, mirar sus curricula, las exposiciones públicas en que han participado, y fijarse en qué museos tienen obras.  Se aprende mucho yendo a las aperturas de las exposiciones. La inmensa mayoría son abiertas al público y generalmente te brindan la oportunidad de conocer al artista y escucharlo hablar de su trabajo.

Aprender sobre lo que has decidido coleccionar te permite también comprar con criterio propio, buscando lo que realmente te interesa, te gusta, y se adapta a tu visión y presupuesto.  Coleccionar imitando a otros coleccionistas puede ser nefasto, pues al final tienes una copia de la colección de otro, con cuyas obras en ocasiones no puedes convivir. A su vez, adquirir obras basados únicamente en un índice de nombres de artistas exitosos o trendies trae consigo el riesgo de tener una gran colección de obras intrascendentes de artistas famosos.  

De igual modo, comprar ciegamente lo que te dicen los dealersart advisors puede ser arriesgado.  Algunos son honestos, rigurosos y muy éticos con su trabajo, poniendo sus años de experiencia a tu servicio.  Construir una buena relación con este tipo de dealerses muy importante para alguien que recién se adentra en el coleccionismo.  Los que son así no te van a ofrecer solamente obras para la venta,te van a permitir aprender.  En muchas ocasiones hemos sabido del trabajo de algunos artistas a través de dealersindependientes y de galeristas que conocemos.  Ahora bien, si has decidido poner el destino de tu colección en manos de uno de estos dealersart advisors, entonces es importante, antes de gastar el primer dólar, documentarse bien sobre la reputación de ellos y sobre su verdadero conocimiento del “arte cubano”.  A fin de cuentas en el criterio de estas personas has depositado toda tu fe coleccionista, así como en la del asesor financiero la de tus inversiones, y en la del médico tu salud. No olvidemos que esto también es un negocio, y algunos tratan de vender lo que más les conviene económicamente, o prefieren llevarte a los estudios de los artistas que hacen tratos con ellos, quienes no necesariamente han de ser los que más te puedan interesar para la colección.  Pudiera ocurrir, no con júbilo precisamente, que al cabo del tiempo te percates que tienes en tus paredes una colección más en sintonía con el gusto de tu dealerque con el tuyo propio, o peor aún, que hayas sobrepagado por muchas obras.

Para alguien que comienza a coleccionar es importante perder el miedo.  Normalmente la obra más difícil de comprar es la primera, pues el desconocimiento y la inseguridad nos invaden y luego que la pagamos en ocasiones nos cuestionamos si hicimos lo correcto.  Esto es normal y puede ocurrir también con una joya, un par de zapatos, o cualquier producto.  Al igual que nos sucedió a nosotros, la mayoría de los coleccionistas que conocemos se han sentido indecisos al principio, con temor de acercarse a los galeristas o a los artistas; pero hemos visto que estos son muy abiertos y afables con los nuevos coleccionistas, mostrando una gran disposición a ayudar cuando perciben que el interés es real.  No hay por qué pensar que los artistas o los dealersson inexpugnables y te van a rechazar si no vas a gastar grandes sumas de dinero.  A veces muchas personas tienden a pensar que el coleccionismo de arte es un coto privado para los millonarios y no es así.  Muchas galerías tienen obras de diferentes rangos de precios.  Nos hemos sorprendido a veces al ver que muchas galerías tienen obras de menor formato o de ediciones limitadas a precios que en ocasiones no pasan de los tres dígitos.  Si hay un artista cuya obra te gusta mucho, pero los precios están muy por encima de lo que puedes pagar, vale la pena preguntar si tienen un grabado, una serigrafía, o cualquier otro tipo de obra de edición limitada.  Esta generalmente es una opción más asequible y estás adquiriendo una obra de arte.  Además, la mayoría de los galeristas son comprensivos y ofrecen la posibilidad de pagar a plazos.   Igualmente, hay innumerables subastas benéficas durante todo el año, muchas de ellas on-line, en las cuales los artistas y coleccionistas donan obras y generalmente se consiguen por precios más baratos.

Alejandro Campins, Sin título, 2012

En ocasiones uno tiene la posibilidad de conocer al artista y en algunos casos puedes comprarle una obra en el estudio.  Ya te contamos que muchas obras de nuestra colección las hemos podido tener por nuestra amistad con los artistas.  Negociar con ellos nos ha resultado siempre más difícil que con un galerista.  Primeramente, al establecerse un vínculo personal nos cuesta mucho trabajo discutir precios y generalmente a ellos también.  Además, por una cuestión de respeto a su trabajo no nos parece correcto pedir un descuento como usualmente ocurre con un dealer.  Es preferible limitarse a decirles hasta cuanto puedes pagar y el artista buscará una opción que los complazca a ambos.  No es correcto hacerle perder el tiempo al artista preguntando por obras que no puedes comprar.

A los coleccionistas interesados en el “arte cubano” les diríamos que este se encuentra más allá de los límites insulares, y que para hacer una colección seria hay que tener en cuenta también el trabajo de varios artistas radicados en diversos países.  Puedes notar que nos hemos referido en algunas ocasiones a este término “arte cubano” -entre comillas, precisamente porque es una categorización que a falta de una más precisa se ha ido imponiendo por costumbre y tendemos a repetirla automáticamente, pero es un término con el cual tenemos cierto desacuerdo.  ¿Qué es arte cubano? ¿El arte hecho por los artistas nacidos en Cuba? Entonces, el trabajo de Carmen Herrera y Jorge Pardo lo tenemos que considerer arte cubano. O, ¿es arte cubano el arte hecho por los artistas que viven en Cuba? De ser así, entonces la obra de Bedia, Carlos R. Cárdenas, y muchos otros que viven fuera de la isla no la podemos considerar arte cubano.  

En la práctica hemos observado que este término ha devenido en una manera muy simplista de referirse al trabajo hecho en Cuba, excluyendo totalmente el de muchos artistas radicados en el exterior hace ya varias décadas.  En ocasiones hemos encontradocoleccionistasque recién han comenzado a incursionar en el arte cubano y con mucho entusiasmo nos hablan sólo de aquellos artistas radicados en la isla, ignorando el trabajo de los que han emigrado.  En sus viajes de turismo cultural pasan de tránsito por Miami, algunas veces con sus art advisors,y no saben que ahí mismo radican muchos de esos artistas que tienen una obra muy sólida, rigurosa, y cuyos trabajos pueden hacer que dichas colecciones sean más completas. 

Ernesto Leal, Sin título (Ha sufrido usted algún éxito), 2009

Para hacer una colección también se requiere paciencia.  Educar el ojo lleva tiempo y buscar la obra apropiada, si es que existe, en ocasiones toma años.  Hemos visto personas que de pronto se entusiasman por el “arte cubano” y en un abrir y cerrar de ojos tienen una inmensa colección con muchísimas obras. Sin embargo, el criterio de selección parece ser ambiguo y la calidad de muchos trabajos cuestionable.  Comprar obras de arte a la ligera puede significar que adquieras una obra mediocre y luego cuando aprendas más sobre el trabajo de ese artista te puedas terminar arrepintiendo de haberla comprado.  El tiempo ha sido nuestro mejor aliado para construir esta colección.  Por años hemos buscado obras incansablemente, las hemos rastreado y hemos esperado pacientemente por la que nos interesa.  Te cuento que siempre nos ha atraído mucho el trabajo de Elso Padilla, específicamente su obra que tiene gran influencia del arte povera, pero Elso murió joven, no fue un artista prolífico y mucha de esta obra fue muy efímera.  En todos estos años solamente encontramos dos obras de él, pero eran trabajos muy anteriores, de una etapa más expresionista, y no nos sentimos motivados.  Recientemente un amigo, curador, crítico de arte, y una de las personas más conocedoras del trabajo de Elso, nos hizo saber de un dibujo de la serie Tierra, maíz, vidaque era de la primera esposa de Elso y madre de su único hijo.  Cuando vimos la imagen quedamos prendados y la decisión fue instantánea.  Te podríamos contar más historias sobre experiencias similares con obras de Bedia, Gustavo Acosta, Los Carpinteros, y otros.  Para coleccionar es esencial no desesperarse, pero a la vez saber cuando tienes frente a ti una oportunidad que si la dejas escapar puede que no regrese jamás.

Una buena colección lleva implícito también una gran pasión por lo que atesoras, sea lo que sea.  En el caso del arte esta pasión se alimenta constantemente en la medida en que te vas involucrando más con el objeto de tu colección y descubres nuevos artistas y nuevas obras.  Coleccionar se convierte en una actividad inmensamente reconfortante, que guarda muchas vivencias personales, haciendo que el tiempo invertido en aprender y construir la colección no parezca que fue robado de las actividades cotidianas.  Es importante alimentar esa adicción con los medios que uno disponga, siempre intentando comprar la mejor obra posible dentro del precio que uno puede pagar. 

En una entrevista a Eli Broad, un importante coleccionista de Los Angeles, decía que los coleccionistas nos convertimos simplemente en guardianes de estas obras durante nuestras vidas. Esto implica que hemos de cuidarlas rigurosamente, velar por su conservación, porque sean movidas y enmarcadas adecuadamente; no solo por el valor monetario que poseen, sino porque son parte del legado de nuestra época para la posteridad.

El mejor consejo que generalmente te brindan otros coleccionistas es: “compra lo que te guste”y nos hacemos eco de ello.  A fin de cuentas uno es quien va a convivir con esas obras, las va a ver todos los días y se convertirán en testigos silentes de tus historias. 

ERC: Siempre he dicho que vuestra colección es una colección razonada, con muy buenas obras de muy buenos artistas, casi todas con historia y trayectoria y ahí la paciencia, como bien han dicho ustedes, ha sido esencial. Creo que aquí razón y pasión van de la mano.

A y O: Nuestra colección es la que hemos podido construir y realmente estamos muy contentos con ella.  Efectivamente, ha sido un proceso de investigación y búsqueda muy paciente. Son ya más de veinte años coleccionandoy como te comentábamos, el tiempo ha sido primordial en este empeño.  Conocemos la trayectoria de los artistas, sus épocas, lo que nos interesa de sus producciones y lo que queremos; pero siempre tenemos un rango de opciones, nunca vamos con una sola obra en mente. Nos tomamos nuestro tiempo, a sabiendas de que podemos perder la obra y también nos ponemos límites. Por ejemplo,la obra de María Magdalena Campos “When I am not here/Estoy allá” la compramos en una subasta de Phillips de Pury, tenía un estimado bajo e íbamos con la esperanza de no tener competidores, sin embargo nos pusimos un precio top. Una señora pujaba junto a nosotros hasta que paramos justo en el precio límite que estábamos dispuestos a pagar, por suerte nuestra oponente no levantó la paleta y nos adjudicaron la obra, de lo contrario hoy no la tuviésemos.

Ernesto Oroza, Enemigo provisional, 2004

Esta colección la hemos hecho solos, sin asesoría, y esa independencia absoluta nos ha ahorrado presiones externas y opiniones ajenas, que por muy sutiles, siempre rondan en silencio a la hora de decidir.  Igualmente, ha sido creada sin ningún afán competitivo.  Hemos conocido coleccionistas que se regocijan del número de obras que tienen, o se vanaglorian pensando que atesoran los mejores trabajos de los artistas. Como te decíamos hace unos días, nuestra colección en gran parte se nutre de sí misma, muchas veces tenemos que vender para comprar y tratamos de tener una reserva para las oportunidades que se presenten.  Esto nos hace tener los pies en la tierra y nunca nos hemos encaprichado en “La Jungla” de ningún artista.  

Durante todos estos años hemos estudiado cuidadosamente el trabajo de diversos artistas, hemos aprendido de las conversaciones con ellos sobre sus obras y lasde otros colegas que nos han recomendado, tenemos una biblioteca con libros, revistas y catálogos de arte; e igualmente, algunos dealers y curadores, cuyas opiniones respetamos mucho, nos han presentado el trabajo de varios artistas que no conocíamos.  Todo esto nos ha permitido ir aprendiendo y poder decidir sin apuros qué obras queremos tener.  Sin embargo, como suele ocurrir con otras colecciones, algunos al ver la nuestra pueden pensar que hay artistas que merecen estar incluidos y otros que no, y obras de la colección que no son relevantes dentro de la carrera de un artista, o de suficiente calidad y trascendencia.  No dudamos de que puedan tener razón. A fin de cuentas, es muy difícil complacer a todo el mundo y llegar a una unanimidad de criterio, cuando en realidad sólo hemos buscado complacernos nosotros mismos, como suponemos que hagan todos los coleccionistas. Esta colección la hemos construido pensando en tener las obras que nos hacen felices. Sin embargo, dista de ser una selección completa, es más bien una tarea inconclusa.  Tenemos la sensación de estar empezando siempre, como si hubiera tiempo para conseguirlo todo; es un goce íntimo, tan personal y exclusivo que nos asombra que otros puedan gustar de ellas. A fin de cuentas, una colección de arte es una especie de diario estético de la vida de cada coleccionista.

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