(Breves notas sobre 3 piezas políticas)

Dayron Martínez García

De Bolaño, o algún
autor más cercano, leí sobre aquella secta literaria que adoptaba la
apropiación como nueva fórmula narrativa. Escoger fragmentos de Bernhard,
Pynchon, o Paul Auster y armar nuevos relatos, les seducía mucho más que leer
algo inédito. La lectura histórica ficcional, apócrifa, era una tendencia.
Existía una excitación casi arqueológica, una dedicación leal a la
re-visitación y re-interpretación del poder y la política filológica de los
textos.  

No era, para nada,
más escalofriante esta tropa que los que defecaban en sus libros favoritos:
esos cuyo objetivo era reducir el contacto orgánico y esperar una “germinación”
biológica entre los desechos del autor y los del lector. Todo esto en el
universo Bolañesco.

Una exhibición de
arte, inaugurada el pasado 5 de octubre en NOVO Estudio Párraga, reúne a un
grupo de autores que peligrosamente -porque alterar la realidad, incluso medir
o cuestionar la dinámica de los hechos siempre es peligroso- lanzan varios slogans muy eficaces, sólo para suponer
que presenciamos la candidatura presidencial de una comisaria de la oposición y
su gabinete de campaña.

  1. Octanaje (2019), colaboración entre Ranfis Suárez y Reynier Leyva Novo es, por su condición de inédita también, una pieza sobresaliente.

(¿Cómo pude
terminar con un disparo en la cabeza, tomando el sol en una playa peruana llena
de cubanos?)

 Ítalo Calvino, en su relato La distancia de la luna reduce la
cercanía del astro y la Tierra a unos pocos metros. La longitud recorrida del
punto A al B se descontextualiza y reformula como un viaje tridimensional. La
línea recta ya no sería suficiente para medir la distancia entre un cuerpo y
otro, entre inicio y fin, entre acción y reacción. Así, en 3 recipientes, se
almacenan la combustión, la energía, la presión arterial del chofer que acelera
o frena, el azar.

  • Un par de metros antes -a
    una distancia perceptible, no conceptual- posaba la representación de un objeto
    demasiado familiar. Es necesario citar parte del texto que acompaña a la
    muestra, titulado Síndrome de la
    vibración fantasma. “Entrevista realizada a Boris Groys”:

“BG: (…) El espectador
está prestando su atención a algo que, a la larga, es artificial, nos
enfrentamos al aspecto diseñado de lo que es supuestamente real. La verdad hay
que aceptarla incluso cuando no nos guste…”

En un soporte de
madera común, mimetizando el montaje de una pieza extraordinariamente similar,
que Wilfredo Prieto mostrara en ARCOMadrid 2015, se exponía Vaso medio lleno, de Maurizio Cattelan. Elijo
creer que es auténtica, como el votante elije creer en las promesas de campaña,
y creo, que en ese momento de fe, sospechosamente en escala de grises (¿escena apolítica?),
entre túnicas de ceda, con la férula papal en sus manos, el hijo pródigo de
Zaza fue abatido por un meteorito. Es seguro que jamás lo volveré a ver medio
vacío.

  • Por su propia naturaleza,
    la obra Hacking #1, de un@
    desconocid@ Lil Puñeta, fue la cereza del pastel. Conversaciones privadas mediante
    aplicaciones de mensajería entre varios “personajes”, cuyos nombres y fotos de
    perfil coinciden con individuos reales, activos de alguna manera en el argot mediático del “mundillo”, han
    provocado cuestionamientos serios sobre las fronteras de la intimidad. Acaso
    muchos regresan a la paranoia del espionaje, una incitación al pánico, un
    Macartismo tropical. Una movida a lo Trump vs Hillary.

Esta obra resume y
fortalece la teoría inicial. La presumible declaración política de un proyecto
curatorial que cumple con el modus
operandi
de una campaña a la “americana”. Gasolina del coche presidencial.
Rectificación de errores y trabajo sobre la marcha eliminando las papas
podridas del saco, made in Adobe Photoshop -(Cómo clonar vegetación. Ranfis Suárez) otra de las obras que merece
mención. Y Lil Puñeta, ese espía ruso, fabulando sobre verdades a medias, o
ventilando ideas que parecen verdad. En cualquiera de los casos, es todo, un
simulacro de poder que ha “salido mal”.

Reynier Leyva Novo ha pasado de ser influyente, a determinante en el arte contemporáneo cubano. Llevó el poder a casa.

Ranfis Suárez no
es un bufón que se dice artista, es un grandísimo artista que con el tiempo,
volverá a los bufones un medio básico de la oficialidad -a los hurones no se
matan con matarratas.

Maurizio Cattelan
a partir de este sábado es parte del imaginario habanero, o espirituano.

Lil Puñeta es Andrés
Isaac Santana.

Magela Garcés es
cómo Arya Stark y Cercei Lannister en una sola mujer -qué miedo.

Boris tenía razón:
el arte no puede cambiar el mundo. Pero algo cambió en el arte cubano, este
sábado en Párraga.

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