El pasado viernes 4 fue presentado por segunda vez el libro DUPP en el estudio-taller del artista Wilfredo Prieto, quien formó parte de esa experiencia pedagógica a fines de los 90. Hubo un nutrido panel integrado por Duvier del Dago, Jorge Luis Marrero, David Mateo, Rafael Acosta de Arriba, Dayana Trigo, Wilfredo Prieto, Luisa Marisy, Marco Castillo, Yami Socarrás, y el líder y alma de esa experiencia pedagógica, René Francisco Rodríguez. (En ese orden aparecen en la foto que publicamos de izq a der.) El libro fue publicado por el sello Artecubano Ediciones, perteneciente al Consejo Nacional de Artes Plásticas.

El sonido no era suficiente y la iluminación tarkosvkiana, sin embargo alcancé a escuchar varias opiniones certeras en torno a uno de los proyecto culturales (pues excede a la pedagogía) más transversales de la enseñanza artística a nivel mundial.

Ahora tengo el privilegio de compartir con ustedes el lúcido texto de Marrero, acaso el peso pesado de todos, para la ocasión:

Desde una pragmática pedagógica: mi experiencia

Jorge Luis Marrero

Alguien dijo alguna vez: ¿Me pregunto qué pasado nos deparará el futuro? Y es así que a menudo sucede, paradójicamente, que el futuro determine al pasado, y no como la lógica sucesiva de nuestra captación convencional del tiempo lo indica. La tradicional y no muy cierta perogrullada de la historia y los vencedores.

Y comienzo de este modo debido a que estar sentado aquí, ahora mismo, no me es un hecho totalmente grato, y para alguna gente, hasta inmerecido. Digo lo primero porque, cualquiera que me conozca un poco, conoce de mi terror a hablar en público. Ya me negué a hacerlo la primera vez que se presentó este libro en Bellas Artes. Pero esta es la segunda vez que mi querido amigo, profesor y admirado artista René Francisco Rodríguez, me lo pide; y me dije: está bueno ya Marrero, no le vas a volver a hacer esa mierda! Cuando me refiero a lo segundo, no creo haber sido de los alumnos más destacados —en su momento— de aquella Segunda Pragmática. Basta constatar en este libro, que no dejé ninguna exposición individual a mi paso por ella, ni tampoco fui merecedor de algún artículo específico sobre mi trabajo. Pero esta carrera, en general, no se circunscribe, por suerte tanto para el artista como para su público, solo a los años mozos de estudiante y recién graduado.

Suelo hacer un chiste: ciertas personas siguen almacenando los archivos de mi generación con Windows 94. ¡Ni tan siquiera le han actualizado el Millenium, para no hablar del XP! Hace dos días cuando, siguiendo indicaciones del mismo René, fui a recoger mi ejemplar de este libro al Consejo Nacional de las Artes Plásticas, no me habían destinado ninguno del almacén. Solo dos estaban disponibles esperando por otros panelistas. ¡Casi que sin querer me libran de este mal rato! Pero bastó una llamada de René (que como todos sabemos funciona con el Windows 10 o el MacOS Catalina) para que me entregaran el libro y volverme a colocar en este intríngulis.

Entrando de lleno en aquellos días, que junto con el peso corporal también nos aligerábamos de mucho del espiritual, creo que fue la Segunda Pragmática, abocada a aquella contingencia nacional tan devastadora, la que imprime un giro definitivo a la praxis educativa tanto de René como de los otros profesores que continuaron enseñando en el ISA, en aquellos días tan difíciles. Pero, sobre todo, cambió también diametralmente nuestra actitud ante el hecho de aprender, y aprehender los conocimientos que ellos estaban dispuestos a trasmitirnos. Y particularmente, hablo a nombre de los que veníamos de la enseñanza media habanera. Los egresados de San Alejandro. Cuando él, René Francisco, me pidió, para este libro, que le definiera brevemente qué había significado para mí (DUPP), le escribí estas cuatro líneas:

“Me parece que lo que tuvo de particular la Segunda Pragmática fue que no pudo escapar a todo su contexto, tan particularmente dramático. Fue un brutal aterrizaje, un saldo de cuentas con la realidad. El abandono del mesianismo de la inspiración, por la cotidianeidad de la transpiración.”

Y es que consultando este libro magnífico, que se convierte a partir de su publicación en un material de estudio obligado para comprender la historia del arte cubano reciente, me doy cuenta de la similitud que tuvo la Primera Pragmática con el arte, digamos que canónico, de los 80. Hay mucho de ello en La Casa Nacional o La Cena Patriótica de Juan de Dios. Sinceramente, apenas si recordaba a este primer taller, pues nunca participé directamente. Sin embargo, recuerdo perfectamente a ese René transformado por un viaje a España de algunos meses. Alguien que regresó cuestionándose fuertemente varios tótems artísticos que hasta entonces le (y nos) habían sido sacros. Y tuvo la valentía inmensa de comunicárnoslo sin ambages, y convertir la discusión de ellos en el tema fundamental de aquel taller “opcional” que reventó con una matrícula que parecía obligatoria.

Como toda revolución (y, ay Dios mío, esta también era cultural, y para colmo tener que mencionarlo por estas efemérides internacionales) tuvo sus excesos pendulares. De una estética derivada del conceptualismo más austero, de pronto se impuso un retorno a un oficio académico casi general. De aquel HACER focalizado al estilo Pilón se pasó a glorificar una megaproductividad cuasi fabril stajanovichta. Todo ello en aras del hasta ayer demonio del mercado, que ahora era divinizado por completo. Como todo cambio brusco de ideales, traía consigo mucha ingenuidad, y cierto desmesurado entusiasmo por cosas que luego no resultaron tan útiles. También hubo, de la noche a la mañana nobles que se convirtieron en parias, y viceversa. Pero no se puede negar la pertinencia de salvar la tan deteriorada autonomía estética como una ventaja; incluso hasta estratégica frente al poder. Tampoco el rescatar un interés muy abandonado, por la trascendencia inmanente del arte (y discúlpenme la metratanca pero no se me ocurre otra forma). Por supuesto que se pecó de anti intelectualismo, y de un desprecio inverso, por el hasta entonces tema egregio de la realidad político-social nacional inmediata. Y claro que cuando estoy hablando de todo esto lo hago a grandes rasgos, porque no pasó eso así con todo el mundo ni todo el tiempo. Ni todas estas ideas salieron únicamente del Rene, ni eran todas apoyadas por él. Ninguna realidad está exenta de matices.

Hasta aquí, a muy breves rasgos mi pragmática: la segunda. Porque ahora quisiera referirme a otra cosa que a mi entender engloba a todas. En los escasos dos días que he tenido para leer algo de este libro, también me ha llamado la atención un mérito inherente a la práctica pedagógica del Rene, y que hasta hoy confieso que había reparado poco: su versatilidad para adaptarse a cada momento concreto. Como mismo no recordaba mucho de la primera, sí vívidamente la segunda porque fue la mía. Supe bastante de la tercera por estar relativamente próxima a mi generación; conocía muy poco la verdad, de la cuarta. Y en cada caso asistimos a unos presupuestos, y un accionar tan diferente y adecuado al contexto, que bien podrían pasar por las obras de cuatro profesores distintos. Asistimos a un maestro, que según sus propias palabras, quiere elaborar una relación de horizontalidad jerárquica con su estudiante. Y para ello ha de reinventarse cada vez.

Como mismo recuerdo con admiración aquel saber ecuménico de Flavio, capaz de detectar cualquier costura en la propuesta, allí en el lugar más recóndito donde las escondieras. A menudo inconscientemente. (Dicho sea de paso, en aquel momento más bien temíamos aquella capacidad suya). La relación mística, épica y casi críptica que es capaz de inculcarte Ponjuan con la profesión. La mayéutica de relojero conceptual de Lázaro. La agudeza e inteligencia de Toirac. La ética profesional de Carlos Alberto (García), y así a muchos que me dieron clases en aquellos años del ISA; los cuales también merecerían sus respectivos libros. Creo que una cosa que distingue al Rene ha sido esa, su soberbia capacidad para intuir y captar los aires del momento. Para hacer lo preciso y adecuado con sus alumnos. Y cuando digo esto, no me refiero a que los otros mencionados no la tengan. Como mismo todos tenían un saber ecuménico, una mística y ética profesional, eran inteligentes y agudos, y excelentes pedagogos, es que simplemente me estoy refiriendo a lo que más me impresionó de cada uno entonces. También pienso en colegas cuya cercanía en el tiempo nos impidió una relación pedagógica, pero que después han hecho una valiosísima labor al respecto, y que también llevarían sus apropiados libros.

¡Demos pues los aplausos y agradecimientos justos a la aparición de este documento imprescindible y precioso!

Muchas gracias                                                                                          

                                                          Jueves, 3 de octubre de 2019

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