Todo lo que conocemos por realidad lo es en la medida en que es pensada y si es pensada es abstracta. Esto es lo que permite a estos artistas reunidos en An Sich acudir al tropo visual igual que a las pretensiones del lenguaje –los títulos son importantísimos- para referirse todo el tiempo a lo que está más allá, a la supuesta verdad, al general abstracto. A lo que no existe en cuanto tal.

Sería lícito entonces, llamarlos el círculo de la no-existencia.

Pero lo general–abstracto no es una
mónada cerrada que pende sobre nuestras cabezas. Es el resultado de la
actividad humana –pensamiento incluido, que constituye la sustancia.

Elvia Rosa Castro

-No; se equivoca en eso… está muy errado. El Banco es algo más que un grupo de hombres. Sucede que todos los hombres de un Banco odian lo que hace el Banco, y sin embargo, el Banco lo hace. Le digo a usted que el Banco es mucho más que un grupo de hombres. Es el monstruo. Los hombres lo hicieron pero no pueden controlarlo. John Steinbeck en Las viñas de la ira

Obvio es que no es lo mismo espiritual
que intelectual. Bueno, realmente no sé si es tan evidente. El primero posee
una raíz que proviene del misticismo platónico y neoplatónico y posee una clara
analogía con el alma o ánima; algo difícil de explicar pero que siempre se
contrapuso a lo material o corporal. El segundo, apunta ya al concepto, a la
capacidad del hombre para abstraerse.

We are all made of stars, Glenda León

Siendo así, comienzan a surgir grandes
diferencias entre An Sich (1) y la
abstracción artística en sentido histórico. An
Sich
noreacciona ante un estilo
o una manera específica de instrumentar el discurso artístico, en este caso el
impresionismo, cuya herencia ya no asusta ni conmueve ni insulta a nadie.

Las obras que recoge esta muestra no responden a ese “principio de necesidad interior” propio de aquella abstracción de la primera mitad del XX. Algunos de sus pioneros encontraban el argumento de ese principio en un esquema eminentemente apolíneo; a otros, por el contrario, les “inspiraba” el devaneo dionisíaco. Y es en ese punto donde puede “colarse” cierta noción de lo espiritual. Cuando hablamos de necesidad interior hay una referencia sino evidente, al menos olfativa, intuida, a un elemento que se encuentra a medio camino entre lo intelectual y lo corpóreo: esa alma –espíritu- que poco conocemos. No en balde el artista Ramón Serrano afirma que la abstracción en tanto discurso artístico es un acto de fe, de credo (2). La fe, el credo y el espíritu pertenecen al mismo árbol genealógico. La fe y el intelecto se niegan, se refutan. Se temen uno al otro.

La realidad absoluta, Luis Gómez

No obstante, hubo mucho de analítica en
aquella primera abstracción, pero el concepto allí era un medio para
deconstruir el mundo objetual, no el telos en sí. Abstracción como instrumento,
no como concepto. Era el reto de irrepresentar lo representable.

An
Sich,
por su parte, es el resultado de un acto puramente intelectual y si se quiere,
estratégico. El recorrido aquí es inverso (3). Ya la cuestión no reside en
mostrar un Mundo sin objetos (4). Ese
trauma está superado. Incluso, puede que las obras no sean totalmente abstractas
en sentido convencional. No se trata de impulso sino de pulso. No importa que
las obras se refieran a, sino que
hayan sido inferidas de.  Han sido el resultado de remontar la realidad
hasta constatar, en mi opinión, dos cuestiones:

  1. Estamos rodeados de sistemas
    materiales finitos y son ellos los que nos llegan por la vía de los sentidos. Ergo, todo discurso apoyado en lo formal
    o en la visualidad siempre será finito.
  2. Detrás de esos sistemas se
    encuentra la cosa como tal -An Sich-, abstracta, incognoscible. La esencia.
    ¿Cómo representarla entonces? ¿Cómo mostrar lo infinito si las herramientas son
    finitas? (5)

Cuando se da crédito a una conclusión
es porque se dan por verdaderas las premisas. En términos epistemológicos (y
hay que precisar que el arte y el hombre se mueven en este y no en otros
predios) esa esencia a la que se alude no existe, como mismo no existe nada
fuera de nosotros, sujetos. De lo contrario ni mencionarla podríamos. El solo
hecho de nombrarla supone que ya está en nosotros y no fuera.

La dimensión del vacío, Lindomar Placencia

Todo lo que conocemos por realidad lo
es en la medida en que es pensada y si es pensada es abstracta. Esto es lo que
permite a estos artistas reunidos en An
Sich
acudir al tropo visual igual que a las pretensiones del lenguaje –los
títulos son importantísimos- para referirse todo el tiempo a lo que está más
allá, a la supuesta verdad, al general abstracto. A lo que no existe en cuanto
tal.

Sería lícito entonces, llamarlos el
círculo de la no-existenci
a.

Pero lo general–abstracto no es una
mónada cerrada que pende sobre nuestras cabezas. Es el resultado de la
actividad humana –pensamiento incluido, que constituye la sustancia.

Un ejemplo prosaico y tal vez poco
serio puede ser este: existe el pantalón, la camisa, el blazer… ¿Y cómo se conocen de manera genérica? Ropa. Para llegar
hasta aquí el pensamiento hubo de tener innumerables partos.

Pero cuando de pensamiento y
especulación se trata, lo general nos trasciende y no logramos asirlo sino en
sus refracciones, en sus manifestaciones específicas y concretas. Esta es una
de sus grandes capacidades: lo general adquiere el rango de “fuerza social
activa” que logra escindirse de su fundamento real, de su tosquedad corpórea
para convertirse en un poder suprasustancial, como la “verdad absoluta”.

Nada nos esclaviza más que lo
intangible, lo inasible. Y veo el hecho de llevarlo al discurso artístico como
una sublevación del sujeto contra el sujeto en última instancia. Una lucha
entre democracia y totalitarismo a nivel gnoseológico. Por un lado, esos
sistemas finitos; por el otro, ese general-abstracto que los explica y
paradójicamente surgió de ellos. Una contienda en los mismos predios de la
Filosofía. De ahí que An Sich sea,
además, una muestra rigurosamente solipsista.

Sin título, Ezequiel Suárez

No es presunción, es que fuera del
escenario teórico los hombres no tienen conciencia de ello. Ni siquiera todos
los hombres (Guillermo de Baskerville le explicaba a su discípulo Adso el
origen de las órdenes mendicantes y a una pregunta de este, el Maestro
respondió con insolencia elitista pero fundada: los simples tienen otros
problemas. Tajante estuvo Federico II de Prusia cuando escribió a Dª Alambert:
“es intento vano pretender ilustrar a la humanidad”).

COROLARIO

Superado el conflicto de la analogía y
la mimesis, los recursos visuales pueden, incluso, no ser abstractos in sensu estricto. Sin embargo, el
discurso y la propuesta lo son porque los rige esa presunción herética y humana
claro, por asir lo que sabemos no existe sino en nuestra mente.

Y que al final se ha ido de ella. Se ha
tornado inalcanzable. Se ha desdoblado en rastro para que todos, sin excepción,
tratemos de llegar primero. Al final, no podemos negar que lo abstracto es
bondadoso: nos da el chance de pensar que existe y que su conocimiento
garantiza nuestra aristocracia mental.

Notas:

  • Exposición curada por Beatriz
    Gago que tuvo lugar en 60 y 7ma, Miramar, otrora iglesia y actual Casa de
    Cultura. La expo fue colateral a la Bienal de La Habana de 2003 y, si mal no
    recuerdo, era la primera vez que ese espacio era “intervenido” desde un
    proyecto orgánico con artistas conocidos en el contexto artístico. Para cerrar
    el ciclo conceptual de la muestra, el día del opening hubo un gran apagón. La integraron Glenda León, Luis Gómez,
    Ezequiel Suárez y Lindomar Placencia. Antonio Eligio Tonel también escribió
    para el catálogo diseñado por Pepe Menéndez. Beatriz posee interesantísimas y
    revolucionarias teorías sobre el tema de la abstracción que ojalá un día podamos
    publicar aquí. El catálogo puede verse en el siguiente link
  • Ramón Serrano. “Abstracción y
    algo más”. En revista Artecubano,
    2-3/03.
  • En este punto es donde radica
    el acierto de la curadora Beatriz Gago, quien a su vez, me ha sugerido algunos
    tópicos que he tenido en cuenta en el presente texto.
  • Libro escrito por Kasimir
    Malevich en 1927.
  • Esa manía que
    existe por representar lo irrepresentable, e incluso lo innombrable, siempre ha
    estado muy unida al tropo visual. Dios ha sido la primera víctima: La Santísima
    Trinidad está por todos lados, y vaya, estoy siendo conservadora al nombrar
    sólo una iconografía específica.

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