(Cuando pintar fresco y radiante era una maldita circunstancia).

Andrés Abreu

La función de onda ᴪ es similar al papel de la trayectoria

pero es una amplificación de la probabilidad.

ᴪ tiene una parte real y una parte imaginaria.

Todavía conservo aquel trozo de papel donde está escrito: “La muestra no nace desde un concepto o cúmulo de teorías, pero tiene el deseo de delinear un sentido desde la pintura…” como inicio de un breve y (tras)lúcido manifiesto de amparo para aquella acción expositiva que fue Pintura húmeda. Diez años han pasado desde que Michel Pérez (El Pollo) me llamó para convidarme a estar allí con Ellos (1). Y una década también transcurrió de la publicación de Una vueltecita por la pintura, un texto que concluí  con una especie de alerta y arenga: “Otros tal vez querrán a partir de ahora sumar su aguadita al río de lo pintado desde las diferentes aristas de esta misma mesa poligonal. Mientras se filtren bien las vertientes, a dar agua, que la primera data no resuelve la partida y mucho menos en este play que alguien llamó arte. Que vuelva la  pintura y que no se le tranque el juego.”

Lo que pasó de bueno y malo breve tiempo después de Pintura húmeda con el polémico nuevo boom y una cierta generalización del óleo y el acrílico sobre tela dentro del arte contemporáneo cubano no voy a agitarlo ahora porque sigo pensando que tirar piedras al pantano no limpia el fondo. Por eso me abstuve de participar del alborotador bullicio que acompañó buena parte del devenir posterior de lo juvenil pintado tras esta muestra, aunque nunca retiré la mirada crítica hacia lo mejor de este fenómeno ni abandoné una marcha cuidadosa sobre su andar para ser consecuente con las exigencias decantadoras que había inquirido.

Mucho más vertiginosa suele pasar la historia en esta vida einsteiniana donde el tiempo evapora  y sedimenta a veces fulminante. Hoy cuando ya mucha de aquella pintura secó, una parte de ella sigue siendo fresca y compulsiva aunque ya no arrastra tras de sí tanto prejuicio ni tampoco perversas algarabías; otra, por su naturaleza misma o fallas en su mutación oportunista, se  ha esparcido como serrín, polvo o ceniza.

Heavy & Happy painters (vista general)

Irrefutable resulta también que en cierta y necesaria medida la pintura cubana con Ellos cambió, se readecuó, salvó deudas y redimió su participación en la transformación de la historia de arte cubano gracias al trabajo pertinente y plausible de un grupo de creadores liderados fundamentalmente por Michel Pérez y Alejandro Campins (2), quienes desde un compromiso bien instruido, creído y orgánico con la práctica de pintar participaron de una renovación de las identidades que caracterizan al arte cubano actual.

Su momento pictórico arrastró una correspondencia y contrapunteo con el acontecer artístico contextual nacional y sus retardos para con las dinámicas universales, y sin pretensiones de ruptura y más bien desde un sentido de (im)pertinencia a una historia que necesitaba nuevas claridades, esos artistas de la pintura se hicieron imprescindibles porque se aglutinaron bajo verosímiles intenciones comunes acerca de la liberación creativa del ser en el hacer dentro de un escenario cargado de dudas hacia lo pintado.

Y ese cuestionamiento en quienes fue genuino, agónico  y consecuente se hizo notable e ineludible más allá de las perspectivas estéticas que los diferenciaron entre sí y los correlacionaron con otros. Cuando en el 2012 con Heavy & Happy painters tuve una nueva acción pública de ejercicio del criterio alrededor del fenómeno que se destapó con Pintura húmeda, escribí: “La histórica actualización de las  prácticas pictóricas dentro del arte producido en Cuba  ha estado acompañada de singulares procesos de correlación con los movimientos y el pensamiento reconocido en las  vanguardias internacionales y de necesarias mutaciones en las propias dinámicas más contextuales de la creación  en la Isla.

La más reciente generación de artistas  capital y sensatamente  comprometida con la pintura se anunció hace unos diez años mostrando nuevamente con irreverencia y placidez las posibilidades contemporáneas del hacer y decir a base de  pigmentos sobre telas.

Confederados libremente pero cófrades y en atentos a sus cercanos referentes, esta plural colegiación se ha revelado por una desatención a las caducas marcas de lo cubano como una identidad radical  y también  por un saber gozar  de lo poético de la humedad  y  la ilusión del frescor de la pintura luego de haberla deliberado como paradojal y hasta controversial fenómeno para la contemporaneidad”.

Lenier Pérez, en Pintura Húmeda

Ya por aquellos días bienaleros de 2012 las aguas estaban más asentadas y los más indiscutibles afluentes se hacían notables. El Pollo y Campins se mantenían como esenciales entes aglutinadores de una necesidad de propulsar ideas alrededor de los procesos contemporáneos de lo pictórico a la par de un merecido ascenso de sus producciones pictóricas dentro de los circuitos internacionales del arte.

Michel, además de protagonizar tertulias de taller y dar clases en San Alejandro, ya había logrado perfilar a grandes dimensiones factuales y sensoriales  un sistema muy particular de traducir sobre el lienzo una imaginería inquietante que parte de una relación suspicaz y lúdica con la ingenuidad infantil.  Su pintura aprovecha ambigüedades y deslímites de estos tiempos como la dimensión y la pertinencia del género desde una correlación marcada con lo escultórico, la descredibilidad en la representación y las interrogantes sobre el valor de lo estético.

Sus bosquejos  desde las animaciones en plastilina o los más recientes amontonamientos de piedras tienen el don juerguista de coquetear y seducir hasta con cierta manipulación de los arquetipos de las mass medias y establecen con facilidad una simpatía visual  pero  en la monumentalidad extraña de sus construcciones bidimensionales se impone una singularidad irónica que entreabre las posibilidades del  significar y faculta una  brecha distanciante para con la mera complacencia de su simbología muy a tiempo con el actual imaginario colectivo y global.

Campins, aprecio que sufre más con lo que también mucho goza de la pintura que hace y la que se ha hecho por los demás. Más romántico y expresionista para con todo el arte y la vida que estudia minuciosamente desde una personalidad en apariencia retraída y que es capaz  de expandir cautelosamente en conversaciones amigables de taller y de academia como en la misma consistencia  de sus procesos creativos.  La densidad de su mundo pasa por un humanista incorporar de ideas e imágenes que toma ayudado de la constante y estudiosa lectura de lo que suele ser la historia, el aprendizaje sensible de los viajes con  la fotografía como aliada y  el intimista sentido de la sociabilidad de las impresiones y emociones asimiladas.

Su credo está asentado en defender su propia narración de la vida desde el ejercicio riguroso de crear imágenes simbólicas que él mismo más que nadie necesita volver a sentir desde su pintura.

Con estos referentes a la vanguardia de la efervescencia del fenómeno post Pintura húmeda, el acto de pintar ganó en dignidad artística dentro de un contexto que extendía su dinámica más explosiva  y su determinación crítica más favorable hacia una video creación socialmente activa y un accionar público  igualmente muy comprometido  con la realidad mediata.

Dentro de ese mismo (im)pulso postpictórico tutorado desde el ISA por Eduardo Ponjuán, Ruslán Torres, Luis E. Camejo, Douglas Arguelles, entre algún que otro profesor más, con la cercana mirada contendiente de Luis Gómez, se fueron haciendo también notables otros jóvenes artistas que pusieron empeños intelectuales y factuales en desarrollar un modo singular y pertinente de hacer una fresca pintura en Cuba. Pienso en  Alberto Lago  como un fidedigno asimilador de esos procesos y como alguien que igualmente ha conseguido  estructurar una filosofía de existencia donde la pintura es un metabolismo más asociado a sus meras necesidades humanas interiores que a cualquier otra intención.

Lo extraordinario de Lago  ha sido sobre todo asumir que su identidad romántica expresiva está identificada con la más  kitsch y pop de las pasiones y entremezclar esa imaginería considerada cursi con sus estrategias académicas de realización artísticas, siguiendo en cierta medida una tradición histórica en los devenires del arte instruido que produce esta Isla. El haber perdido el miedo al dolor de ser acusado por sus intenciones y gustos, y el tirarse de lleno al espacio de lo casi prohibitivo para un artista contemporáneo, más el haberlo hecho sensata e inauditamente bien, le valen a esa irradiante y enrevesada pintura de Lago un merecido altar dentro de lo mejor que se ha generado como genuina pintura cubana actual, representativa de un sentir ontológico (entre la festiva alegría y la agresiva angustia)  dentro del imaginario vivaz y contradictorio de estos tiempos cubanos que no son solo habaneros.

A las aguas de este pintar de los últimos diez años también decidió sumar turbulencias José Eduardo Yaque. Recuerdo que bajo las cúpulas del ISA acumulaba varias obras de procesos postconceptualistas basados en un trabajar intenso con la materia  y su evolución ligada al desarrollo del pensamiento humano bordeando los campos expandidos del arte a la par que experimentaba acciones matérico-reconstructivas,  pintura igual había,  que quizás no era tan tal cual y que desde cierta apariencia me  hizo recordar algo que inicialmente y más superficialmente se había propuesto Odey Curbelo,  quien lamentablemente no ahondó en aquel estallido y lo abandonó con su salida a Europa donde tomó otros caminos más tradicionales y recurrentes del neopintar.

Yaque, por el contrario, sí agudizó sus experimentos hasta una alta destilación  de un producto que se expone y vende en los círculos de la pintura pero que igual no lo es. El Magma que recientemente expusiera en la galería El Reino de este Mundo de la Biblioteca Nacional es la evidencia de una relación residual y contradictoria con una pintura que sin embargo  da nuevas validaciones a un hacer anciano y por ende lleno de recónditos yacimientos explotables y donde lo capital es descubrirse dentro de la mina y saberle conducir hasta la esencia que precisa una creatividad singular en medio de la industria cultural contemporánea.  

Odey Curbelo, en Pintura Húmeda

Mucho se está pintando tranquilamente en Cuba ahora mismo, atención merecen las noveles inquietudes creativas y cosmogónicas del dúo Los Serones. Hasta algunos que no la ejercían tanto como Duvier del Dago, Duniesk Martín y Reinier Queer, y otros que ni querían hacerlo como Marcel Márquez y Mauricio Abad, han ido recalando  empeñosamente  en el acto con menos presión crítica sobre el asunto que diez años atrás y mucho más mercadotecnia dentro del sistema institucional del arte a favor. Pero no son tantos los jóvenes pintores contemporáneos que muestran tomarse el asunto como un procedente proceso artístico y van más allá de animar una vuelta a la moda.

Ante muchos recientes hechos expositivos involucrados en una supuesta racional temporización del medio, solo sentí muy hondas perturbaciones frente a las obras que Pavel Herrera expusiera bajo el título de Maldita Circunstancia, en la Casa Guayasamín a finales del 2014 (3).

Orestes Hernández, en Pintura Húmeda

Paisajista sin miedos pero también si grandes avatares, Pavel revolvió su pintura en esta muestra para determinar la factura visual de un reparo  a la historia nacional  y le sacó un susto a más de un observador agudo con un tránsito notabilísimo dentro de su paleta sin dejar de ser coherente  a sus procederes y sensibilidades ya evidenciadas. La cuestión del cambio radicó en haber encontrado para ese eternal y próvido fondo que es el mar que nos rodea, ínsita y limita, unos justos modos de redimensionarle sus entrañas como lugar de alta significación documental. Una obra que retocó la tónica sensible del fenómeno de la migración sin abusar de  los matices políticos y sin desbordarse del marco de la más académica pintura.  

Similar pudo ser el sistema empleado para la otra serie que incluía esta exposición fragmentada museográficamente. En los cuadros de “una fractura que se convirtió en montaña, una montaña que se convirtió en historia, una historia que necesita una fractura”,  por precepto, la pintura es de fachada: similar al revestimiento que intenta ocultar la aspereza y el gris de (lo) concreto sobre el que discursan las grietas en la estructura de las Instituciones públicas requeridas. La aparente abstracción aquí se subvierte por naturaleza y  tras su aspecto referencial como recurso estilístico que seduce, se descubre una verdad pintada que enuncia desde un hiperrealismo aparejado a un propósito postconceptual. Esto es pintura, fresca pero no abstracta y en evidente denuncia poetizada y recontextualizada al deterioro de una ilusión sociopolítica determinada por el subtexto implícito del famoso alegato: La historia me absolverá.    

Notas:

(1) Ellos, los participantes de Pintura húmeda, fueron Michel Pérez, Odey Curbelo, Lenier Pérez, Orestes Hernández, Francisco Alejandro Vives, Niels Reyes y Yunior Mariño, estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) que fueron acompañados por los profesores Ruslán Torres y Luis E. Camejo. Pintura húmeda, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 2005.  (Ya serían 14 años desde esa muestra. Nota de la editora).

(2) Alejandro Campins no participó de la muestra Pintura húmeda  porque en aquel momento residía en Manzanillo y aún no estudiaba en el Instituto Superior de Arte.  Al año siguiente comienza sus estudios en el ISA y se suma al movimiento pictórico que  se gestó alrededor de los artistas de Pintura húmeda hasta devenir en uno de sus protagonistas.

(3) Esta muestra de Pavel Herrera coincidió temporalmente con  El silencio que precede la tormenta, exposición colectiva abierta en igual fecha en la cercana Casa de México. El silencio que precede la tormenta estaba encabezada por Niels Reyes, otro de los integrantes de Pintura húmeda que ha mantenido un sistémico aporte de pensamiento y producción artística para la pintura cubana actual, le acompañaron en esta presentación Lester Álvarez, Darwin Estacio y Nelson Jalil.

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