Anna Maria Guasch Ed. Elvia Rosa Castro

Douglas Crimp en Cindy Sherman’s Untitled Film Still #60, 1980

AMG: ¿Podría hacer una breve digresión autobiográfica de su experiencia en October, que abarque desde su ensayo de 1987 publicado en el número 43, hasta su carta del número 53 en que usted renunciaba a su cargo como editor de la revista en 1990? 

DC: Se trata de un tema muy complicado para mí. El hecho de haberme visto obligado a salir de October fue algo traumático. Aún tengo una terrible sensación de haber sido traicionado. Adoraba mi trabajo como editor. Me sentía muy identificado con la revista. Es más, editar la revista era mi trabajo principal, así que me quedé sin empleo. Debo insistir en la naturaleza traumática de mi renuncia, pues eso significa que cualquier cosa que diga estará necesariamente teñida por el dolor que me produjo este incidente. Es algo parecido a un divorcio desagradable. Cada una de las partes dirá que el otro tuvo la culpa. 

El especial dedicado al SIDA, October 43, fue el más largo y exitoso de todos los números publicados hasta entonces. Agotamos existencias. Incluso pasó a ser un libro de October llamado AIDS: Cultural Analyisis, Cultural Activism, que aún sigue imprimiéndose. Por primera vez en su historia, la revista tuvo cierta notoriedad e impacto público. En un principio, no hubo mucho entusiasmo entre mis compañeros cuando propuse la publicación de algún material sobre el SIDA,  pero aún así me apoyaron, sobre todo cuando sugerí que Leo Bersani reseñara el libro de Simon Watney, Policing Desire, que acabó convirtiéndose en el famoso ensayo de Leo “Is the Rectum a Grave?”. Más tarde, cuando me di cuenta de que unos pocos ensayos no bastarían para tratar un tema tan urgente, propuse la idea del número especial. Los otros editores se mostraron escépticos pero no se opusieron. Con el paso del tiempo el número creció hasta duplicar la extensión habitual de la revista. No creo que mis compañeros leyeran ninguno de los ensayos, al menos hasta que empezó todo el revuelo público. No fue sino mucho después cuando supe que ellos tenían objeciones sobre el material. Me refiero al momento en que rechazaron el número dedicado a las conferencias publicadas posteriormente por Bay Press como How Do I Look? Queer Film and Video, y que supuestamente conformarían el número 52 de October. Su objeción principal al material (tanto del número sobre el SIDA como del número sobre cine y video queer) fue que éste no cumplía con los principios de sofisticación teórica defendidos por October

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Creo que había dos cosas en juego: una intelectual y otra personal. La personal es quizás menos importante. Creo que mis compañeros se resintieron por la extraordinaria atención prestada al número sobre el SIDA. Un número que, además de no reflejar sus intereses, tampoco había contado con su participación. Las diferencias intelectuales son más serias. Mientras trabajaba en aquel número, hallándome además involucrado con ACT UP, me vi compelido hacia un enfoque sobre el SIDA y la representación más cercano a los estudios culturales, lo cual amplió tanto la elección de temas –más allá del arte y la teoría, para adentrarnos en el discurso biomédico, los derechos humanos o las bases del activismo político—como los tipos de escritura. Así, además de escritores académicos, invité a gente que trabajaba con el movimiento de activismo político por los enfermos de SIDA, de modo que las voces fueron mucho más variadas de lo que en October se acostumbraba publicar. Y el éxito del número 43 de October se debió precisamente a esa mezcla (de voces, de análisis y activismo, de teoría y práctica). 

How Do I Look? Queer Film and Video representó una mezcla similar. El libro incluía seis conferencias y las respuestas editadas del público asistente al evento, organizado por un pequeño colectivo llamado Bad Object Choices, al que también pertenecía. Las conferencias estaban firmadas por autores muy conocidos: Teresa de Laurentis, Richard Fung, Judith Maine, Stuart Marshall, Kobena Mercer y Cindy Patton. El ensayo de Mercer, “Skin, Head, Sex, Thing” y el de Fung, titulado “Looking for my Penis”, se han convertido en auténticos clásicos, incluidos una y otra vez en antologías sobre temas raciales o sexualidad. No obstante, había algo en la naturaleza activista y comunitaria del evento, algo en sus intentos de crear vínculos entre la teoría académica y los movimientos políticos sobre identidad de género, sexual o racial, que a mis compañeros editores no les pareció apropiado para October. Se rehusaron tajantemente a publicar el material. Me di cuenta entonces de que la dirección y los compromisos a los que me veía abocado por mi activismo eran incompatibles con aquello que los editores de October juzgaban digno de una revista cultural. Por lo tanto, tuve que renunciar. Pero tuve suerte. Casi de inmediato me ofrecieron la posibilidad de dar una de las primeras clases sobre estudios gays y lésbicos ofrecidas por una universidad americana, en el Sarah Laurence College, cerca de Nueva York. Aquello marcó el inicio de mi carrera académica, lo cual me ha conducido finalmente a mi posición actual en el Programa de Estudios Visuales y Culturales de la Universidad de Rochester, una institución donde me encuentro muy a gusto. (Continúa).

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