Elvia Rosa Castro

Hace varios años, tratando de reseñar lo que sucedía en el arte habanero y también de polemizar un poquitín con Orlando Hernández, quien por esos años, más de 12 aproximadamente, afirmó que el arte contemporáneo había dejado de interesarle y entre otras cosas mencionó la falta de censura como suma del aburrimiento, escribí un texto largo pero traeré aquí sólo cuatro párrafos, los que tenían que ver con las muestras censuradas.

Decía yo: El veto ahora es un poquitín más sutil, digamos que se ha refinado (o enrevesado): existe la censura por cansancio –tal es el caso de Marcapaso, curada por Magda Ileana González para la Bienal de La Habana del 2006, de Zona de contacto, curada por Beatriz Gago para el mismo evento, y también de Proyecto personal en el Miramar Trade Center, de la propia Beatriz. Están las pequeñas zancadillas a DJ Pluvio regresa, Paganini presenta, de Ezequiel Suárez en Galería Galiano; a Vista al frente, de Jesús Hdez-Güero y un grupo de estudiantes del ISA. El mismo Jesús ha sido punto de mira de las más reprochables actitudes censurantes: primero en Casa de las Américas, con su vídeo Sobre un vacío periodístico, y luego en la Galería Servando antes de inaugurarse la colectiva  …topías…

En Bellas Artes, Pedro Pablo Oliva no pudo exponer todas las obras que hubiera querido y Toirac sacó de debajo de la manga Orbis cuando su proyecto inicial fue declinado. En los momentos en que estoy pariendo estas líneas se quedó trunco el Proyecto Vostok, curado por Gisselle Victoria Gallardo  y Frency: una Brigada de Acción Rápida llegó y destruyó un discurso de Raúl Castro que Hamlet Lavastida había rotulado en una pared, y así ad infinitun.

Existe, de igual modo, la censura por ausencia: no asistir a las inauguraciones de algunas muestras para no comprometerse públicamente con obras de contenido álgido o ríspido. Y no promover la escritura de alguna que otra reseña en los medios es una variante que se desprende de esta. Existe la censura del mercado, que no permitió a Eduardo Ponjuán exponer en 23 y 12 sus lonas de Algunos prefieren el art deco porque “no eran obras vendibles”.

Y terminaba yo, que ni loca me fajo con Orlando: Pero sí, debo admitir que cualquier obra de artes plásticas, por muy crítica o conflictiva que sea, palidece ante el estampido hard core de Porno para Ricardo o las letras de Ray Fernández, o frente a muchas obras que vienen del mundo audiovisual y que únicamente pueden verse –con suerte- en la Muestra de Jóvenes Realizadores, o, también, lo que están escribiendo muchos blogeros en esta, su era.

El caso es gente, que hace dos años se me ocurrió la idea de crear una cronología de exposiciones censuradas desde 1959 hasta hoy o mañana y para ello necesito de vuestra activa colaboración. Ustedes tributarán la info que tengan al respecto a través de los comentariios a este post, o por donde más fácil les sea (prometo darle créditos, soy pródiga en eso, creo en el trabajo en equipo, creo en la compartidera, etc, etc). GRACIAS DE ANTEMANO!!!!

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