Elvia Rosa Castro

Es extraño que en pleno siglo XXI nos llame la atención una obra que cumple con el canon de la escultura monumentaria. Pedestal, hombre sobre caballo y bronce. Rumors of war, de Kehinde Wiley (1977), el que todos reconocen por su retrato de Barack Obama exhibido en el Smithsonian, Washington DC, posee todo esos ingredientes.

Pero esta escultura que vimos en Sean Kelly durante ArtBasel vino aliñada con dos salsas picantes. Y aquí debo aclarar algo: la grande, la de escala monumental está emplazada en Time Square desde el mes de septiembre y su destino final es Virginia. El primer red hot chili pepper es precisamente ese que inserta esta escultura en el debate sobre la remoción de las estatuas y símbolos de los confederados en el sur de Estados Unidos por considerarse reservorios de memorias de tiempos nefastos como la esclavitud, linchamientos, abusos, y la discriminación hacia los ciudadanos de raza negra. Toda esa polémica, resuelta de diferentes maneras según el estado, alcanzó los niveles de violencia más horripilantes en Charlottesville, VA. (2017), cuando la comunidad negra solicitó remover la estatua del General Lee. Los supremacistas blancos y otros llamados grupos de odio salieron a la calle en son de guerra y los disturbios cobraron la vida de una joven manifestante. La unión entera quedó sacudida por las imágenes de los sucesos: cosa de película parecía. The believer, un excelente filme que trata el tema de los grupos neonazis desde dentro, se quedó corta en su ficción frente a los sucesos de Charlottesville .

Pues bien, Rumors of war, título que “retrata” el ambiente, surgió de esos acontecimientos, trayendo la polémica al mundo del arte. El segundo 🌶 consiste en el hecho de que la propuesta de Wiley sustituye al oficial blanco por un afroamericano millennial, por más señas: dreadlocks, Jean rajado en la rodilla, sudadera y tenis Nike. En un contexto racista, marcado aún por la segregación, esto no es un chiste ligero: la subversión de la historia oficial y el acto de cuquear toda una tradición basada en la legitimación de los actos blancos traerá cola, vivir para ver.

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