Trataré de especular un poco. Henry Bergson estableció una clara diferencia entre la intuición y el intelecto(análisis, dice él).  Es cosa de este último el rodeo, el punto de vista y la generación de argollas terminológicas, es decir, la relatividad de la opinión y del saber. A lo que sumo: es cosa del intelecto o del yo diferenciado, la construcción, la ficción y, en consecuencia, la representación. Podemos deducir de aquí que el intelecto es poco confiable pero es lo que hay. Por su parte, la intuición llega directo al objeto. No hay circunvalación en ella “…un absoluto no podría ser dado más que en una intuición (…). Llamamos aquí intuición a la simpatía por medio de la cual nos transportamos al interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y, por consiguiente, de inexpresable”. Es propio de ella, si es así, la presencia, la identidad simbólica, mientras que nuestro mundo, el común, es alegórico. En términos de Ortega y Gasset pudiera decirse así: prima en nosotros la virtualidad y raras veces asoma lo actual.

En la intuición la imagen no significa, no quiere decir, no alude. La imagen es.

Los brujos, chamanes, las personas videntes operan dominados por la intuición. De ahí que sean raros y seres excéntricos cuando están en estado presente porque, pienso yo, dejan de ser sujeto. Son entes indiferenciados que se están reactualizando, dando F5 constantemente y logran traducir, a sus maneras y de cierta manera, lo inexpresable. De modo que el saber establecido se tambalea, la ciencia, con su bobería empírica, se tambalea; y el poder, soportado y apuntalado por ella, también. En este sentido, las prácticas adivinatorias son contraculturalesy constituyen mecanismos de resistencia. Son alteraciones del sistema que deben entrar en cintura.

Pero además, tenemos el hecho de que la intuición es esencialmente femenina y se ha identificado no sólo con el corazón (lado irracional y débil del asunto) sino con la locura, el desafuero y desorden: cosa del mal, diabólica. La discriminación a la mujer camina paralela y a ratos se toca con el descrédito y la represión secular a los videntes, brujos, medium…., cuya actividad se tilda de igual manera y transgrede lo establecido.

La noción que traje de la intuición me lleva a otro punto: me agrada la idea de pensar en esos hombres clarividentes, “guías” de grupos, como portadores de una alta dosis de femineidad. Y me aventuro a afirmar que toda esta represión tiene un fundamento: genérico y sobre todo, epistemológico

*Texto escrito a solicitud de Sandra Ceballos para su curaduría Brujas, pero también brujos, en septiembre de 2014. 

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