Para el caso cubano la pregunta de rigor sería esta: ¿por qué en Cuba no ocurre de esta manera? ¿Qué impide a los artistas plásticos, músicos, bailarines y otros sectores económicamente solventes coleccionar arte? Los emprendedores, ¿coleccionan los emprendedores? ¿Algún dilema ético explica esta inmovilidad? ¿Por qué algunos prefieren la política del yo ayudo, dono, pero no compro?

Suele escribirse con fastidio que incentivar el coleccionismo privado en Cuba es difícil si tenemos en cuenta el precio de las obras de arte y los ingresos personales de los cubanos residentes en la Isla. Sin embargo, no necesariamente tiene que ser así: dentro del propio sector artístico existe un capital financiero disponible pero no encauzado a esta zona que aún es algo virgen. Hablo de este “universo”  creativo porque es el que más conozco y es el menos mirado con recelo por las autoridades financieras y políticas en nuestro país, además de que está apto desde el punto de vista sensitivo para entender y admirar el discurso artístico.

He visto a Michael Douglas, a Beyonce y al mismísimo Alex Rodríguez asistir a ArtBasel Miami Beach, no solo porque la asistencia a este evento aporta los puntos necesarios dentro de cierta farándula, sino porque también son coleccionistas. Se rumora, al mismo tiempo, que Eric Clapton subastará próximamente su excelente colección.  Hay más, existen más artistas coleccionistas.

Para el caso cubano la pregunta de rigor sería esta: ¿por qué en Cuba no ocurre de esta manera? ¿Qué impide a los artistas plásticos, músicos, bailarines y otros sectores económicamente solventes coleccionar arte? (1). Los emprendedores, ¿coleccionan los emprendedores? ¿Algún dilema ético explica esta inmovilidad? ¿Por qué algunos prefieren la política del yo ayudo, dono, pero no compro? ¿Prefieren lo visiblemente correcto ante el poder político e institucional? ¿Remilgo “socialista”? El talentoso siempre piensa que hay que invertir en él, no piensa que él también puede ser inversor. Pero es obvio q esta no es una explicación terminante a pesar de ser esencial.

Coleccionar es una forma segura de garantizar el ciclo creativo, proteger el patrimonio, ser filántropo y tener asegurado un capital. Mientras esto no suceda aquí vengan dealers, que al final son los que le dan agua al dominó. Vengan dos o tres coleccionistas, becas exiguas y funcionarios  de buena voluntad, de quienes creadores, promotores y curadores siempre estarán pendiente: ¡qué pena!

Notas:

  • Pedro Pablo Oliva y Carlos Garaicoa son dos artistas que, a su manera, ha coleccionado arte contemporáneo. José Ángel Vincench también. Orlando Hernández lo hace con el “arte popular” esencialmente. Hay algunos artistas plásticos que han comprado obras pero se trata de mercado terciario que tiende a comerciar con la vanguardia histórica y son casos muy puntuales. Juan Carlos Freijoso, desde joven coleccionó obras que ahora son claves. Perdió otras, expropiadas.

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