Grave y etérea. Una clase magistral de actuación a cargo de Mariela Brito, actriz de El ciervo encantado en el proyecto Habitar el gesto, fue lo que presenciamos todos los que nos saltamos a Línea y 14, a la casona de veraneo de la familia Loynaz del Castillo para ver en qué consistía el final de la primera fase de rehabilitación arquitectónica y el bordado de nuevos afectos y redes colaborativas en un proyecto que va más allá de planos y materiales constructivos para abrir, como el hipertexto, ventanas que dan a otros resquicios: embestidas culturales, relaciones personales.

Como salida de La siesta, el cuadro de Guillermo Collazo realizado en la casa principal que da al mar, Mariela, vestida de blanco pulcro-puro-clean, estuvo finísima en una de las actuaciones más emotivas de las que podamos dar fe. Y no sé cómo lo hizo pero ¡no representó! Qué contención enfática  su andar “ciego” pero seguro. De esa manera nos obligó a seguirle en un, nunca mejor dicho, ejercicio peripatético, acompañados de música cubana reyoya, por aquel jardín ahora semi-baldío.

Al llegar a lo alto del andamio abre su cofre y suelta unas “proclamas” al aire, pasa una banda de palomas más alto aún (que la vida es así). A mí me tocó la receta de buñuelos de navidad. A mis amigos, otras delicias que ya nuestra memoria no registra.

De modo que Mariela-DulceMaría, Obbatalá, Vírgen de las Mercedes, spiritus santa suspendió el andar de todos en la calle Línea de una manera tan El ciervo…de Visiones de la cubanosofía. Mariela, no sé cómo lo logró, eternizó el gesto. “La eternidad más breve”. No existe, ahora mismo, nada más cercano a la belleza y a la conmoción.  Sé que hoy, cuando escriba sobre Rocío García me voy a desdecir y no hay dilema en ello. Afortunada que soy al poder presenciar ambas piezas,  just that.

Bravo por Nelda, por Mariela y por las organizadoras de Habitar el gesto. Enhorabuena. ¡Las sigo hasta el fin del mundo!

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