Osmany Suárez Rivero

Amigxs:
Toda la literatura sobre el etnos rural cubano carece del desborde ficcional que una sola existencia, un único sujeto, podría regalarnos si fuésemos más entregados a repasar el crecimiento del PIB cultural campesino. Todos los relatos de Onelio Jorge Cardoso, la obra entera de Samuel Feijoó y la poesía del Indio Naborí resultan tierra colorada infértil ante el desborde de pintoresquismo que supone autotitularse: el divo de Placetas.
Pionero de las interrelaciones entre lo global y lo local, Televisa y la ANAP, Cher y Laronte, Eduardo Antonio ha puesto a Placetas en un sitio de honor en todas las cadenas televisivas de México y la Florida. Un estudio realizado por la Universidad de Massachussetts ha aseverado que cuando el divo ofrece alguna entrevista en Univisión o se presenta en ALFARO’S NIGHTCLUB AND LOUNGE, se registran congestiones en la red dada la insistencia de los usuarios por localizar Placetas en Google Maps. Además, el cantautor del tema de presentación del programa “Mujer casos de la vida real” no solo tiene en su haber el prestigio de sus composiciones sobre los dramas existenciales derivados del desamor, sino que cuenta con la clara intención de extender la tradición de la naturaleza muerta en la plástica insular, solo que esta vez siendo él mismo artista y lienzo. En manos de la cirugía, la cara de Eduardo Antonio, cada vez más parecida a la de Amanda Miguel en el video “Él me mintió”, posee la asepsia de una pintura de bodegón recientemente restaurada: nada me recuerda más la raya destripada del Bodegón con gato y raya de Jean-Baptiste Simeón Chardin, que los cachetes de Eduardo Antonio.

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Asimismo, del joven de Palmas y Cañas que en los años ochenta cautivaba a los fieles usuarios del Tren Lechero, queda muy poco. Mucho antes de conocer a Niurka Marcos, el divo había cambiado la guayabera por camisas abiertas hasta el ombligo que exponían esos destellos intermitentes de nudismo artístico que hacen de la tetilla la esencia del pecho masculino. Y muy tarde comprendí (¡Juan Gabriel tenía la razón. Toda!) que aquella loa al pezón era el más fiel homenaje a su natal Placetas. Siendo un pueblo gravemente afectado por los ciclones, nada, pero absolutamente nada, simula mejor el símbolo de un huracán que un pezón.
¡Allá quienes recusen los efectos de una tetilla categoría 5 de la escala Saffir Simpson!
Ahora, lo que no tiene desperdicio es esta presentación que va de la comedia al thriller psicológico. En primer lugar, porque Eduardo Antonio le narra a Carlucho sus peripecias afectivas luego de la ruptura con Niurka Marcos y hay momentos entre los cuentos de las infidelidades, conquistas, peleas, celos, etc., que pensé: ¡Con dos dragones esto es un capítulo de Juego Tronos! Luego, porque este performance es sencillamente elevar la interpretación con botox a la categoría de arte: llorar sin demacrarse, recitar sin fruncir la frente…Eso es arte en la época de la posverdad.
Pasen y vean cómo la seducción se opone radicalmente a la anatomía como destino.
😅😅😅😅😅

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