Axel Li

Como no has visto la revista [El Caimán Barbudo, No. 390, septiembre-octubre, 2015], paso por tu casa y te dejaré el ejemplar que tengo, ¿está bien? Tu conferencia-intervención del pasado junio [de 2015] y el texto impreso son la misma cosa –y sabes que son muy buenos y útiles– pero en los aludidos detallitos del destino final –artículo–, disculpa, no tienes nada que ver. No te culpes. No. Además, no es cuestión de hallar culpables. Así lo veo. Es muy simple: todos como autores pecamos y, precisamente, el editor es quien debe velar y salvar cualquier posible desliz: nuestro o, aunque curioso, del propio editor, porque ocurre: me consta. Solo así los textos quedan engrandecidos. Esa es otra labor anónima, que nos hunde o nos hace flotar. Solo estando en el agua lo sabremos. Yo, en ella sigo, y con cierta regularidad mis socios editores… me hunden. Quizás, porque por decencia o “vagancia” ya no participo –en los últimos tiempos– del proceso editorial de mis textos.

¿Del contenido? Comparto la mayoría de tus ideas. Te adelanto algo, que sí trazaría de otro modo, pues no es igual escuchar en la librería “Fayad Jamís” que leer en otro ámbito. Guarda relación con el párrafo en el que anuncias: “Información obtenida recientemente (…)” (1); en ese también está contenida la idea de la desaparición de las historietas de Sabino y Salomón y, aunque sea “secundario”, en tal edición del 23 de septiembre de 1963 del Rotograbado de Revolución –más bien debiera emplearse entre comillas y no en cursivas– quedó en suspenso incluso un esencial ensayo de Edmundo Desnoes sobre arte y humor, el cual se supone tendría continuidad en la próxima entrega. Y no ocurrió. Jamás. Y tampoco salieron más dichas historietas. Es la señal de lo que intuyo como un replanteo editorial por causas mayores, algo distantes –quizás– del arte, de la censura o los tabúes de lectores (poco) cultos y muy revolucionarios –Chago y Fornés también lo eran– que escribían al periódico Revolución… ¿con simples disparos verbales? Diría que eso fueron: quejas-disparos menores, aunque hirientes, para y en una época de replanteos decisivos con fines ya precisos en la esfera pública: antimperialismo, Revolución socialista, Comunismo. Una época de ensueños y esperanzas, de disciplinas y entregas desmedidas, de corajes y confrontación, de sumas y restas. De lo gregario puro desde el aquí.

Pero a lo que voy: a Carlos Franqui por esa fecha de 1963 le quedaba poco como director de Revolución; poco después de aquel 23 de septiembre mutaría el sentido editorial de ese suplemento gráfico-visual-informativo-cultural. Inclusive, cambiaría su nombre por el de Suplemento de Revolución: es el que tendría hasta su desaparición en 1964 (si mal no recuerdo en ese año); de sección del periódico pasaría a ser un tabloide lo que, visto desde la óptica de hoy, significa pasar de las comillas a las cursivas en el orden nominal-bibliográfico; tanto Chago y Fornés dibujaron otras cosas luego de 1963 –tal vez de menos interés– y fueron impresas en el ámbito de Revolución; etc. Qué te quiero decir: que hay ciertos factores que debieran ser sumados, quizás, a lo meeeejor, a la tan misteriosa supresión, a la “salida forzada de Sabino y Salomón” de sus páginas. Si ya el Rotograbado [Suplemento] de Revolución está digitalizado, si ya lo tienes –¿eres una privilegiada?– podrías pasearte por sus páginas y apreciar la transición de la historieta en ese, del 61 al 63, en cuanto a madurez editorial y a la propia de Chago y Fornés, quienes a modo de bloque y de conjunto con unas historietas de Nuez y Carlos P. Vidal, dieron de modo inicial una fea o “extraña” apariencia en una porción casi ínfima de las páginas 2 o 4 del Rotograbado… Sucedió casi de modo esquemático, antes de 1963, en este orden y de arriba hacia abajo: Nuez-Chago-Vidal-Fornés. (Más bien los responsables de las ediciones fueron los autores de tal aburrida sucesión compositiva). Por mi parte, veré si pido esos PDFs y, si no los tienes, los podrás disfrutar con más razón.

Unos párrafos después enuncias y defiendes un aspecto o una palabra clave –silencio– presente desde el inicio a través del título, el que por cierto –ante la ausencia de un signo por “preciosismos” de diseño en p. 2– podemos asumir ahora de tres maneras: “Chago, entre líneas, silencios y cajones”, “Chago [:] entre líneas (…)”, “Chago entre líneas (…)”: ¿cuál es el tuyo, el original?

Me gusta tu solución con lo de “silencio menos perceptible y notorio pero más largo y enconado”, aunque como fórmula conceptual no la comparto. Sucede, desde mi punto de vista, que con la obra de Chago Armada toda acción también es necesaria y, por ende, aportadora. Eso resultan ser las estrategias inimaginables: exposiciones, artículos, ensayos, charlas-conferencias… Ahora bien, ¿cuál de esas perduraría más?, ¿cuál sería la biblia sobre Chago a disposición de cualquier interesado en cualquier instante? Concretamente, ¿qué libro(s) publicado(s) hay sobre él como artista-hombre y que nos ilustre(n) con exactitud sobre sus series y obras de títulos inteligentes y filosóficos de las cuales, ya se sabe, muy poco recordamos a nivel de imágenes? Lo demás podría ser –es– palabreo.

El Chago-hombre era impecable; el Chago-artista es el que debemos seguir mostrando –también, necesariamente y sobre todo– con ensayos-libros, con ensayos-multimedias, con ensayos inmortales-tangibles. Estrategias que sí perduren, que estén a nuestro alcance en el día a día. Capaces de hacernos memorizar, con sagrada devoción, títulos y obras que bien lo representen como pensador, poeta, artista. Solo entonces el silencio será apenas una cualidad de su arte que, tarde o temprano, será mejor comidilla de coleccionistas, especuladores mercantiles, galeristas. Los posibles silencios del presente en torno al Chago artista son fantasmas, comparados con aquellos lejanos silencios –sí de carne y hueso, sí con nombre y apellidos, no obstante de los recatos y las diplomacias actuantes entonces con aquel capitán rebelde sin barbas– que desde los años 60 incidieron en su otra labor gráfico-visual: un tanto ajena al diseño cotidiano y anónimo que hizo –al parecer, sin obstáculos– hasta 1995. Lejanos silencios que reorientaron la ruta del Chago que siempre valora(re)mos apenas como críticos, porque no tenemos el dinero para coleccionar (sus) originales. Pobres somos. Aunque ciertas paredes privadas están vacías. Al menos, vírgenes sí que no están, bien lo sabes, las del Museo Nacional de Bellas Artes con su arte sesudo-lineal-entintado: y ni hablar de las arcas del propio MNBA ni de las del Museo del Humor. ¿Hay silencio o silencios fantasmales con él?, ¿qué tenemos?, ¿Chago no está a la vista pública en La Habana hace rato?, ¿los Chagos no son/serán prendas mercantiles que ya imponen esencialmente la primacía de los formatos medianos, del papel y la cartulina como soportes esenciales, y casi sin opción, en lugar de las tan veneradas telas por las vías de subastas y coleccionistas? Aunque disperso y desmembrado, casi todo el material sobre él está a mano. Requerimos de tiempo y voluntad. Lo que resta es hacer. Interpretar. Escribir. Y otro gallo va a cantar… Mientras, preferiríamos tenerlo más cerca, pero como críticos, somos tan solo pobres de bolsillo.

Aunque me he extendido, algo más sobre El Humor Otro. Supongo te interese. Y termino.Solo dos cosas:

-El ejemplar que existe en Camagüey (Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella) consigna, a nivel bibliotecario en p. [4], que ha sido un donativo de la Biblioteca Nacional y consta, además, la siguiente fecha: 8 de octubre de 1987. (Otra más para tu colección numérica).

-Es cierto, hubo varias promociones del libro. Conozco una curiosa, en la cual Chago redibujó la cubierta del libro –literalmente le hizo una caricatura a esa porción de su volumen– que acompaña, como imagen, a una pequeña nota que comienza así: “Dentro de unas semanas saldrá ‘El humor Otro’ [sic] que hizo (…)”; corresponde a Revolución, La Habana, segunda edición, No. 2425, 25 de noviembre de 1963, sección “De adentro y de afuera”, p. 13 [col. 2]. No sé si la has visto. (Si el “saldrá” no está asociado a circulación, entonces la producción del libro estaba atrasada. El plan no se había cumplido. Octubre, como instante de impresión, era una meta. ¿Se cumplió tarde? Y salió su primer libro. Y no digo único, porque en otros pensó, mas solo El Humor Otro nos lo representa hoy. Y ese sí que no era su plan. Y esto tampoco es una especulación).

Y ya por hoy con este email-ensayo. Saludos reiterados.

PS (de 2020).

Este textículo es de inicios de 2016. Fue enviado por correo electrónico. Es una parte de mi reacción al leer un artículo con erratas, pifias y descuidos editoriales, el que comenzó a circular en la web primero –www.caimanbarbudo.cu/artes-plasticas/2015/10/entre-lineas-silencios-y-cajones/– y luego, con las mismas insuficiencias, en la edición impresa de la revista El Caimán Barbudo. (Es, en definitiva, un boceto de ensayo. Con ese título lo he sumado en uno de los capítulos de mi libro Cápsula(s), ya casi cerrado).

Muchos meses después, en 2017, La Habana disfrutaría de una novedad editorial con peculiaridades: la carpeta-libro Salomón (Ediciones Asterisco, La Habana, 2017) de Caridad Blanco. Con una edición de lujo para bibliotecas y coleccionistas: y el/su PDF –por suerte– como soporte democrático, popular, masivo. Una tesela más sobre Chago y que nadie se esperaba.

Chago es (de) una dimensión mayor. Muy diversa. Demasiado. Y, además, con una obra gráfico-lineal –entonces casi diaria: de dichas y desdichas– en la prensa periódica: trillos por (re)descubrir. ¿Y cuán diferente conceptualmente de sus sorpresas objetuales?: ellas se nos han ido (des)dibujando mejor y en años más recientes. Entre varias raras que conozco, existe una que todavía (me) despierta más de una interrogante: La cripta de Daly G encondonada en el tiempo, 1964. Madera, cristal y condones, 29 x 35 cm. Col. privada, La Habana.

Nota:

(1) Nota de 2020. Escribe, en concreto, la autora Caridad Blanco: “Información obtenida recientemente permitió corroborar que, solo a partir de 1980, su libro [El Humor Otro, 1963] pudo ser consultado en las salas de lectura. El dato, obtenido gracias a una búsqueda realizada por el Departamento de Arte de dicha institución [Biblioteca Nacional de Cuba José Martí], se suma a otra referencia obtenida el año anterior [sic], cuando al intentar ampliar la documentación sobre lo publicado por Chago en la prensa, supe que entre 2013 y 2014, la Biblioteca Nacional completó la digitalización de Rotograbado de Revolución [,] un suplemento del que carecían y del que todavía hoy se conoce muy poco [sic]. El 21 de diciembre de 1961, en sus páginas vieron la luz Sabino y Salomón, las tiras de Rafael Fornés y Chago, respectivamente, manteniéndose en él hasta ser suprimidas luego del 23 de septiembre de 1963” (p. 3).

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