Yaysis Ojeda Becerra

🎯Mientras conversaba con Teresa, Misleydis me miraba fijamente, parecía saber que estaba ahí por ella y advertía como me involucraba en su universo, en ese espacio invisible a mis ojos donde sus imágenes me rodeaban, me murmuraban

Misleydis de la Caridad Castillo (Mayabeque, 1985), fue diagnosticada con autismo y sordera severa en sus primeros años de vida. A partir de entonces su madre decidió educarla por su cuenta, sobre todo porque en ese momento no existían en Cuba centros de Educación Especial adecuados para su discapacidad.

Al no hablar ni escuchar, Misleydis desarrolló junto a su madre un modo de comunicación por signos y gestos, comprensible solo entre ellas. Desde pequeña pintaba, pero fue de adulta que empezó a dibujar grandes piezas de figuras humanas, que recortaba y pegaba en las paredes usando cinta adhesiva.

Poco a poco las imĂĄgenes de hombres y mujeres musculosos, de expresivos rostros, aspectos monumentales, semidesnudos y en poses estĂĄticas, empezaron a abarrotar el interior de la casa. La razĂłn por la que comenzĂł a representar esta especie de hĂ©roes, gigantes o guardianes, sigue siendo un misterio, aĂșn para su madre.

Las pinturas abarcaban desde detalles de cabezas y torsos en posiciones frontales y de perfil, fragmentos de manos y pies, y lo mismo se agrupaban en unidades o por individual; sus tamaños variaban, aunque siempre empleaba el mismo patrón para dibujar y aplicar el color.

Luego le siguieron imĂĄgenes de hĂ­bridos de animales, figuraciones antropomorfas y objetos que acompañaba de textos procedentes de un lenguaje ignoto, cuyo significado indescifrable descansaba en el silencio de esta artista, que nunca aprendiĂł a leer ni a escribir. đŸ”đŸ”đŸ”

(Foto: Yaysis Ojeda y Psicoartecubano Art Brut)
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