PARADA FINAL. NUESTRO BEL CANTO: Voz de silbido. I
María Carla Olivera
El trovador Alejandro Gutiérrez es el autor de un estribillo que muchos consumidores de la música alternativa de los 90 tarareaban: “Estoy bailando rockason con los muchachos, estoy sintiéndome mejor, nada peor que un sueño hecho pedazos, nada peor”. El tema se titula Rockason y Alejandro, luego de esto, pasó a ser miembro de Habana Abierta, uno de los patrimonios musicales más sólidos de nuestro país de fines de esa década. La música es pegajosa pero es esa declaración de tristeza y desencanto lo que hace trascender aquella estrofa. Se trata del desánimo de toda una generación y va contaminando el resto. Nuestro país entró al nuevo siglo con esa certeza: la de los sueños rotos y el descrédito
No es casual que el término “utopía” haya sido utilizado en las artes y en los títulos de las obras como nunca antes, desde René y Ponjuán, la propia Sandra Ramos o el realizador Arturo Infante con su desacralizador corto Utopía. Y junto a ella, las nociones de identidad: País de hojaldre, del poeta Reynaldo García Blanco o Identidad , de Danza Contemporánea, por solo citar algunos ejemplos.
La selección de obras representativas –y no únicas (1)-de la tendencia en estudio en los años 2000 se inicia con la obra Apolítico (2001), del artista Wilfredo Prieto, “por su cualidad de manifiesto”. La pieza consistió en la instalación de una serie de banderas realizadas acorde al tamaño y al diseño oficial pero todas en escala de grises. Apenas comenzando el siglo se alza esta obra en el III Salón de Arte Contemporáneo Cubano como fe de la vitalidad de los cuestionamientos nacionales en los albores de un nuevo milenio. “Año nuevo, vida nueva” y reza el proverbio popular, “y energía nueva”, parece replicar la obra de Wilfredo.
La revisión identitaria realizada hasta ahora fronteras adentro de la Isla, en leve coqueteo con un exterior prohibido, quimérico, se convierte en la pieza de Wilfredo en franco desplazamiento a un territorio transnacional, sin focalizaciones geográficas particulares. En ella se da una suerte de democracia visual que armoniza sobre los contrastes de los pabellones nacionales. La voz del artista se reduce al mínimo posible. Él observa como desde un palco, como desde la silla de Dios –sin participar de su protagonismo–, y ejerce un criterio imparcial, alejado de los favoritismos y las pasiones que los convocan. Se anula. De ahí su impronta apolítica.

El primer constructo que ataca la obra de Wilfredo Prieto es el carácter excluyente de la identidad nacional, históricamente abanderada en la tarea de definir y segmentar el cuerpo nacional, por contraposición al resto de las naciones. Tipificación, caracterización, individualización de los pueblos y sus gentes en el teatro de operaciones internacional. Como se ha demostrado a lo largo de este ensayo, los reflujos culturales ponen en jaque la solidez de estas taxonomías –y salta a la memoria la vigencia de aquella frase lezamiana: “Definir es cenizar”.
En nuestro país, tan politizado y entrampado aún a nivel de discurso en la quimérica caza de las promesas modernas –aunque ya nadie crea firmemente en ellas, algunos en lo absoluto y difícil pensar incluso que los mismos que las promulgan no flaqueen– el gremio artístico, históricamente intersticio entre el proyecto nacional y el pueblo, realiza planteamientos cada vez más socavadores y radicales.
Rasgos de la pieza de Wilfredo –con ecos en el resto de la muestra seleccionada– son el acendrado minimalismo, cura frente a las densidades y barroquismos tradicionales de la cultura cubana, y la anulación o retraimiento del ego en tanto anulación del compromiso con posturas únicas, respuesta de esperar en tiempos de fuga de una verdad, aquella excluyente, típica del modernismo.
Adriana Arronte realiza en 2008 una elocuente representación de la bandera nacional titulada Hemoglobina. Esta obra formaba parte de una muestra con el sugestivo título Referencias territoriales, curada por los artistas Alejandro Gonzlalez y Jeny Casanueva, que debía acontecer en el Muelle #3 de la Avenida del Puerto pero fue censurada cinco minutos antes de su inauguración.
En la bandera de Adriana, como en Wilfredo, los colores tradicionales se han evaporado de la representación –más aún, han desaparecido incluso los grises del primero– y con ellos, la particularización y el cuerpo irrevocable de valores que simbolizaban. La suya es –otra semejanza con Wilfredo– una bandera que respeta las dimensiones oficiales, quizás para dotar sus visiones de la mayor autenticidad posible.
El emblema de Adriana es traslúcido, liberado de la opacidad que en el diseño oficial lo corporeiza y constituye barrera visual. En la visión de la artista la bandera y sus contenidos pierden solidez, se aligeran. Su diáfana enseña resulta de cierto modo más interactiva, pues ofrece diferentes perspectivas de acuerdo al paisaje que le sirva de telón de fondo: sol, lluvia, día o noche, modifican la pieza de la artista y el background de sensaciones y juicios en el espectador.
En la de Adriana los matices perdidos en la enseña fugan al atractivo título: Hemoglobina. Estos artistas contemporáneos y sus puentes hacia las diferentes disciplinas y ramas del saber, nos obligan a estudiar. La hemoglobina es una heteroproteína de la sangre encargada del transporte del oxígeno desde los órganos respiratorios hasta los tejidos y el dióxido de carbono desde los tejidos hasta los pulmones, donde es eliminado. La hemoglobina aporta a la sangre su color rojo característico solo cuando el glóbulo rojo está cargado de oxígeno.
Adriana parece reclamar en su obra precisamente la ventilación, el reánimo del cuerpo nacional. Su pieza resulta acaso exorcismo visual en el que se rescata el símbolo del ostracismo de su manida representación y se devuelve enriquecido, serena catarsis de quien ansía liberarse de los pesados ropajes nacionalistas para emprender marcha ligera y bella, por cierto. Mucho de nosotros mismos está aún por revelarse.
Notas:
(1) Artistas como Iván Capote, Glenda León, Elizabet Cerviño, Ernesto Javier Fernández, Yornel Martínez y tantísimos otros se aproximan en algunos momentos de su obra de modo apreciable al tema de la identidad.
You may also like
Related
Archives
- June 2026
- November 2025
- August 2025
- November 2024
- October 2024
- September 2024
- August 2024
- July 2024
- June 2024
- March 2024
- February 2024
- January 2024
- December 2023
- November 2023
- October 2023
- September 2023
- August 2023
- July 2023
- April 2023
- March 2023
- February 2023
- January 2023
- December 2022
- November 2022
- October 2022
- September 2022
- August 2022
- July 2022
- June 2022
- May 2022
- April 2022
- March 2022
- February 2022
- January 2022
- November 2021
- October 2021
- September 2021
- August 2021
- July 2021
- June 2021
- May 2021
- April 2021
- January 2021
- December 2020
- November 2020
- October 2020
- September 2020
- August 2020
- July 2020
- June 2020
- May 2020
- April 2020
- March 2020
- February 2020
- January 2020
- December 2019
- November 2019
- October 2019
- September 2019
- August 2019
Calendar
| M | T | W | T | F | S | S |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 | ||

Leave a Reply