DEL CINISMO O HIPERREALISMO DE LA APARIENCIA. Parte I*
Elvia Rosa Castro
“Nunca hacía nada mejor que cuando no hacía nada (…)”.
Catón
Finalizando el Cuatrocientos antes de Cristo, el poeta griego Agatón (1) joven y de afeminados modales, recibió el premio de la tragedia, acontecimiento que aprovechó para agasajar a su maestro Sócrates y a algunos amigos con una suntuosa fiesta que después daría pie al Banquete, diálogo de Platón, el de todos los diálogos. Un pretexto o un ser percibido y ya este filósofo armaba su discurso, excelentemente estructurado, en boca de otros, convirtiéndolos en personaje eterno y portavoz de lógicos argumentos. Así fue llevado al Fedón, como uno de los acompañantes de Sócrates al morir, y al Sofista y al Cratilo, sólo por alusión, Antístenes de Atenas, también discípulo de Sócrates y fundador de la Escuela Cínica, quien además influyó en las Memorables de Jenofonte, sobre todo en la noción de autarquía como ausencia de necesidades.
Veamos cómo Antístenes es presentado por Platón en el diálogo Sofista, de manera satírica, siendo objeto de refutación en boca del eleata. De intelecto pobre, dice el dialoguero:
Elean Stranger. “We speak of man, you know, and give him many additional designations; we attribute to him colors and forms and sizes and vices and virtues, and in all these cases and countless others we say not only that he is man, but we say he is good and numberless other things. So in the same way every single thing which we supposed to be one, we treat as many and call by many names.
Theaetetus. True.
Elean Stranger. And it is in this way, I fancy, that we have provided a fine feast for youngsters and for old men whose learning has come to them late in life; for example, it is easy enough for anyone to grasp the notion that the many cannot possibly be one, nor the one many, and so, apparently, they take pleasure in saying that we must not call a man good, but must call the good good, and a man man. I fancy, Theaetetus, you often run across people who take such matters seriously; sometimes they are elderly men whose poverty of intellect makes them admire such quibbles, and who think this is a perfect mine of wisdom they have discovered” (2)
Antístenes pretendía un aterrizaje de la teoría platónica de las ideas, por lo que un día dijo al filósofo: “Mi querido Platón, yo veo bien un caballo, pero no veo una caballeidad”. Se dice que obtuvo la siguiente respuesta: “Claro, porque tú tienes ojos, pero no entendimiento”. A pesar de que Antístenes fue el pionero y, sé que escribió bastante, su nombre ha sido opacado con creces por otro que ha traído grandes confusiones: Diógenes. Al fin y al cabo pocos nos acordamos de Sören Kierkegaard cuando se habla de existencialismo. Sucede así con Antístenes, aunque en realidad creo que no es el ejemplo más feliz. A Kierkegaard hay que volver una y otra vez, además de que podemos consultar su producción teórica, mientras que de Antístenes poseemos sólo una alusión, un boceto. O una refutación. Existe como una toma “subjetiva”.
Diógenes, en cambio, ha corrido con mejor fortuna, pues aunque se dice no escribió, fue más radical, más egocéntrico, más pintoresco digamos. A este, al que me refiero, no debe confundírsele con Diógenes de Apolonia, también filósofo, ni Diógenes Laercio, historiador griego del siglo III. El cínico era Diógenes de Sínope, desterrado de esta ciudad del Asia Menor (ahora Turquía) por reacuñar monedas falsas (423-327 a .C), acontecimiento reeditado en el gesto artístico del brasileño Cildo Meireles.

En el año 1970 Cildo Meireles realizó una obra titulada Inserciones en circuitos ideológicos: Proyecto Cédula. El gesto consistió en hacer circular billetes apócrifos de cero cruceiro y cero dólar al tiempo que tomaba billetes “reales” extraídos de la circulación, los cuales intervino acuñándoles cáusticas preguntas referidas a la situación de Brasil por esos años. Evidentemente se trata de un remake, homenaje, reedición, etcétera, etcétera. El padre de Diógenes, que era banquero, falsificó monedas, hecho del que participó el adolescente. De ahí que fuera expulsado de la ciudad.
Estamos en presencia de una vocación de cinismo precoz, pues como veremos posteriormente, la falsía y el hurto simbólico o el pastiche de maneras conductuales se encuentran en la base de esta corriente filosófica. Con diferentes objetivos –obtener más dinero y criticar la sociedad-, el modus operandi es idéntico en su esencia.
Diógenes posee en su copyright, más que una doctrina, incontables anécdotas que hablan de su extravagancia, pero entre ellas, la más famosa puede que sea su encuentro con Alejandro Magno. Se dice que el filósofo se encontraba recostado a unas escaleras, en pose placentera, y Alejandro le dijo:
—“Soy Alejandro, pídeme lo que quieras”.
— “Que te apartes y me dejes tomar el sol”, respondió Diógenes.
Se trata de la anécdota clásica, la que todos citan por la insolencia diogenista y el prestigio de Alejandro Magno, y porque esa no sería una respuesta fundada en la pragmática al uso. Frente a la posibilidad de adquirir grandes extensiones de tierras o esclavos, o llenar las ciudades con sus bustos, Diógenes, no se equivoquen, solicita algo tan vital como el “tomar sol” y lo hace desdorando a Alejandro, supongo que dejándolo perplejo, en el stand by que genera una respuesta insólita o no esperada. Además, él no pide, exige, impera “que te apartes”, invirtiendo los roles, ocupando el lugar simbólico del emperador.
No hay reseñas o estudios que pasen por alto este pasaje que, sin proponérselo, ubica temporal y espacialmente al cinismo: Grecia, siglo IV a.C. Pero, ¿cuál es la etimología de un término que en nuestros tiempos se asocia más a cualquier acontecimiento bélico y político de grandes connotaciones o al desmán lingüístico de alguien que a una escuela, y mucho menos filosófica?

La impudicia y el descaro de los cínicos –masturbarse en público, orinar, eructar, usar vestimentas raídas…- les valió el calificativo de perros –kynós en griego, vocablo del que derivó kinikos. Debo aclarar que aunque posean ciertos parecidos desde el punto de vista fonético y actitudes medianamente similares, tampoco debe identificarse a la Escuela Cínica con Cinna, el romano que conspiró contra Augusto y que ha pasado a la Historia del Arte en una de las más excelentes tragedias de Corneille: Cinna o La clemencia de Augusto. Se dice también que el origen del vocablo cínico se debe al nombre del gimnasio donde Antístenes enseñaba: Cinosargo –perro blanco- o, kyon argos, perro ágil. “Vivir conforme a la naturaleza”, se dice, era la máxima de Diógenes y el cinismo. En ella se compendia su noción de la virtud. Pero, ¿a qué naturaleza se refería el griego? ¿A esa naturaleza “natural” que seducía a Rousseau? Evidentemente no. Un teórico utiliza el término “mediación” para tratar de explicar la aspiración cínica. Según Arturo Andrés Roig los cínicos trataron de simplificar nuestra relación con la naturaleza al apartarse de los rituales socio-culturales y cultuales que se orquestan en las instituciones, distanciando al hombre de la naturaleza, y que tienen su origen en el signo. (3) O sea, su pregón de retorno a la naturaleza es una crítica, en última instancia, a la cultura. Un malestar. Y, aterrizando un poco más, una sanción a la sociedad civil.
Toda la renuncia de las convenciones sociales que proclamaban los cínicos como expresión de crítica, sus maneras impúdicas y obscenas de comportarse, el vivir ajeno a las reglas como habitar en un tonel, vestir una indumentaria raída, masturbarse en público, orinar a las personas, etcétera, se manifestaba dentro de la naturaleza, pero la “naturaleza humanizada”, esto es, dentro de la sociedad. Sin pretenderlo -¿o sí?- no hacían más que andar sobre la lógica del ideal griego: la lógica del contraste (verdad/opinión, apariencia/esencia, actual/virtual, etcétera, etcétera). Ser incívicos dentro de la civilidad, antisociales en sociedad, anti diletantes en los predios de la Filosofía. Actuar (de performance) en el mundo de la teoría.
De lo anterior puede deducirse algo muy elemental: en el origen del término está la noción del descaro en tanto impudicia física (que luego sería moral), ausencia de castidad o recato. De lo que sigue (no tan elemental): en la conducta cínica está implícita la renuncia como uno de los significados más invariables e históricos del cinismo.
Esa dimisión de lo convencional, que puede leerse como insubordinación cívica, el renunciar al canon social establecido, el resistirse a comulgar con la doxa -aunque dependa de ella y retome su sentido común-, así como desacreditar todo lo supuestamente legítimo, sitúan al cinismo como una corriente crítica, como una variante de resistencia sui generis e inquietante. La indecencia y el abandono, manifestados en su modus vivendi, eran sus maneras de resistir. Era una renuncia cuestionadora, emplazante, exhibitiva de toda la seducción y repulsión que pueden generar los eventos alternativos.
CONTINUARÁ
*Capítulo 1 del libro Aterrizaje. Después de la crítica a la razón cínica
NOTAS
(1) De Agatón sólo se conservan fragmentos pertenecientes a sus tragedias el Telefo y el Tiéstes.
(2) Plato. Theaetetus and Sophist. Ed. William Heinemann, London, 1921. P. 393.
Extranjero eleata. “Hablamos del hombre, usted sabe, y le damos muchas denominaciones adicionales; le atribuimos colores y formas y tamaños y vicios y virtudes, y en todos estos casos e innumerables otros decimos no solo que él es el hombre, sino decimos que es bueno e innumerables otras cosas. Así, de la misma forma, cada cosa que suponíamos era una la tratamos como muchas y la llamamos por muchos nombres.
Taetetus: Cierto.
Extranjero eleata: Y es de esta forma, me imagino, que hemos proporcionado una hermosa fiesta a jóvenes y viejos cuyo aprendizaje les ha llegado tarde en la vida; por ejemplo, es bien fácil para cualquiera entender la noción de que muchos no es posible que sea uno, ni uno, muchos, y así, aparentemente, a ellos les gusta decir que no debemos llamar bueno a un hombre, sino que debemos llamar a lo bueno, bueno, y a un hombre, hombre. Me imagino, Taetetus, que usted a menudo se tropieza con gente que se toman tales asuntos en serio; a veces son hombres mayores cuya pobreza de intelecto les hace admirar tales sofisterías, y que piensan que han descubierto una perfecta mina de sabiduría”.
En esta edición se escribió una nota al pie que asegura: “Those are here satirized who deny the possibility of all except identical predication. Such were Antístenes, Euthydemus, and Dionysodorus. The two last are probable tose referred to as old men whose learning came late in life”.
“Aquí se satiriza a aquellos que niegan la posibilidad de todo menos de la predicación idéntica. Tales fueron Antístenes, Eutidemus y Dionisodorus. Los dos últimos son probablemente aquellos a que se hace referencia como viejos cuyo aprendizaje llegó tarde en la vida”.
(3) Arturo Andrés Roig. “Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia”. s/d.
El prólogo, que sería en realidad lo primero-primerito puedes encontrarlo en este link:
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