FEEL THE LOCAL: Inti Hernández y los soles de su mundo moral
Elvia Rosa Castro
Si la justicia social
impide el beneficio y la plenitud
del individuo, no es tal justicia;
pero una cosa es el justo beneficio
individual y otra el individualismo
antisocial e injusto.
Cintio Vitier
Como la de Kanye West en su vídeo Runaway, escandalosamente perfecta, es la mesa que Inti ha servido para inaugurar su muestra personal, tentando al público con una lujosa cena devenida happening. Pero esta es sólo un detalle, técnicamente un detalle de una video instalación titulada A la cabeza de la mesa se sienta la gente. La otra parte está formada por una proyección de personas caminando que no entran a la casa donde sucede la comezón “real”. Sin embargo, llena de manjares, la cena de Inti está lejos del maniqueísmo racial evidente en el vídeo del famoso cantante norteamericano y apunta, eso sí, al mismísimo corazón del mundo del arte, trayendo a presencia el cinismo y el nivel de enajenación con que ofician las élites, esos montículos indiferentes que siguen alegres coronados de mirtos, sus caminos (1).

Inti sirvió, literalmente en bandeja de plata, nuestra irresponsabilidad e hipocresía; y su pescozón es -a su manera- pícaro y noble, y hasta cómplice. Cotidiana -muy sustantivo- es el título de esta muestra que posee varios ejes confluyentes: el elitismo y la experiencia de la colectividad; la condición metafísica del tiempo; la relación entre responsabilidad social y libre arbitrio; y por último, la ilusión. Estos ríos conceptuales se deslizan por cada una de las obras que forman esta expo, en una suerte de arqueología o inventario recreado –siempre desde la ficción (2)- de un hogar insular en un día cualquiera. Digamos que puede ser la escenografía ideal y mínima-minimal de Aire frío, nuestro clásico de Virgilio Piñera. O un tratado sobre la nueva empresa y el pragmatismo del cubano, descreído de la épica y olvidadizo de la historia, tanto que no duda en ir Tras la pista del dinero, como aquellos mambises locos por llegar a la Quinta de los Molinos para recibir el pago prometido por la invasión a Occidente en la Guerra de Independencia.

Cotidiana es, no perdamos la perspectiva, una exposición sobre lo cubano como actitud más allá de una mera colección de Objetos inútiles (3). Ellos no fueran más que una simple presencia vacía y formalista si no denotaran, si no hablaran –desde la pérdida de su valor de uso- de ese pantano con “fondo de indiferencia, de intrascendencia, de nada vital” (4) que va invadiendo nuestras vidas. He ahí el camino que lleva al impolítico como muerte cívica y nullpunkt; y al “killing time” como una de sus cualidades más visibles. El cubano vive el tiempo en una dimensión no medible y sí más cercana a lo absurdo de la inoperancia y la cínica paciencia o, filosóficamente hablando, en el saeculum, “una unidad de tiempo esencialmente imprecisa como todo lo que es vida, de límite flotante” (5) que, unida a la inacción o a la acción sin propósito claro con fuente en la experiencia colectiva, se convierte en tiempo rígido, estático, pasivo y oxidado. El tiempo del cubano es un tiempo que pertenece, acaso, a la estética, como el de Balance cubano, y habla de una supervivencia “que no es ya vivida vivencia, sino sólo su despojo, residuo, cadáver y esqueleto o fósil” (6).


Sospechó Inti todo lo que venía. Me consta que vio la corriente. Tal vez su estancia holandesa y su experiencia en DUPP (7) (tanto el trabajo performático y grupal, como la soltura para intervenir espacios alejados del circuito galerístico) lo predispusieron para esa clarividencia que, mucho antes de Chanel, hizo del Paseo del Prado la escena idónea para “lanzar” su Propia iniciativa, todo un statement sobre la nueva empresa y el papel del sujeto individual en las nuevas coordenadas socio-culturales, en la corriente social. Inti, de artista a nuevo emprendedor, aleccionando sobre la utilidad de la virtud. Hablando de un nuevo liderazgo y sobre las maneras estéticas y económicas de limpiar. Un servidor público, como en la mejor tradición de pensamiento cubano.

En 1968 Borges dictó una conferencia en Austin sobre El Quijote. Entre tantas ideas rotundamente brillantes dijo que “después de todo hay una cosa que no queremos olvidar, una cosa que da vida de tanto en tanto”. Sólo le faltó decir que esa “cosa” era la cualidad de lo entrañable, muchas veces asociada también con lo íntimo, lo familiar y lo hogareño en un sentido más filial.
La obra de Inti Hernández, al menos toda la que conozco desde 1994 hasta hoy, está atravesada por esa condición afectiva que nos deja “un sentimiento final de felicidad” y terneza. Y tal vez la causa de ello resida en el nuevo humanismo que ha venido fundando, asentado, nada más y nada menos que basada en una relación poética y noble con la cotidianidad.
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Notas:
(1) Paráfrasis de un verso martiano que pertenece al poema Amor de ciudad grande.
(2) Destaco el término “ficción” para separar de manera tajante el gesto de Inti con el ánimo recolector del Gabinete Ordo Amoris, que era más tácito en su práctica de censar nuestra cultura material e insistía en la mentalidad del “pa’ ir tirando” o en la provisionalidad como eje estructural del proyecto. María Antonia Cabrera Aruz ha construido una colección exhaustiva que ha llamado Cuba material y cuya misión resume de manera brillante: ” Cuba Material es el archivo de la cultura material cubana y de las prácticas y significados asociados con esta. Es también una colección de objetos, documentos y moda de Cuba durante la Guerra Fría”.
(3) En estos y en Balance cubano Inti retoma el trabajo con madera, uno de los rasgos distintivos de su obra allá por los 90, cuando ganó el Premio Académica (1996) y el trabajo de la marquetería convertía a sus pinturas en piezas objetuales y esculturales. La madera le permite trabajar con el diseño desde una condición cálida, ligada a la manufactura y el handmade (hecho a mano).
(4) Cintio Vitier. Ese sol del mundo moral.
(5) José Ortega y Gasset. El hombre y la gente.
(6) Ibídem
(7) DUPP: Desde una Pragmática Pedagógica. Con un mirar abstraído puede considerarse el prólogo de Propia iniciativa. Inti sabe bien cómo la experiencia del ego puede supeditarse a la experiencia del nosotros y viceversa.
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